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Hablar con el perro mientras preparamos la cena, o bien preguntarle a nuestro gato cómo ha pasado el día; o lo más típico: despedirnos de nuestras mascotas antes de salir de casa y llegar a indicarles verbalmente que "cuiden de la casa", entre otros ejemplos, son comportamientos mucho más habituales de lo que parecen.

Y, si bien algunas personas puedan considerarlos como una señal de inmadurez, la psicología ofrece una explicación bastante diferente.

Detrás de estas conversaciones existen mecanismos cognitivos y emocionales relacionados con nuestra forma de establecer y mantener vínculos sociales.

De hecho, hablar con nuestras mascotas no es ni mucho menos una conducta infantil, sino más bien una manifestación de un fenómeno conocido como antropomorfización, donde inconscientemente atribuimos características, emociones o intenciones humanas a animales y otros seres no humanos.

Qué dice la ciencia

En este aspecto, el psicólogo Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, junto a sus colegas, abordó este fenómeno en un estudio publicado en Psychological Review en 2007.

Según su teoría, la antropomorfización dependería de diferentes procesos psicológicos, incluyendo nuestra capacidad para interpretar comportamientos ajenos, el deseo de comprender nuestro entorno y la necesidad de mantener una conexión social.

Si bien es cierto que conversar con nuestra mascota no sería sinónimo de poseer una inteligencia superior, tampoco constituiría un indicador de inmadurez. Por otro lado, en un estudio más reciente publicado en la revista Animals en 2023, se profundizó en esta cuestión.

Los investigadores responsables del trabajo, de la Universidad de Groningen (Países Bajos), analizaron las percepciones de 527 propietarios de perros y gatos y su relación con los animales.

Según sus resultados, aquellas personas que atribuían mayores capacidades mentales humanas a sus mascotas también tendían a percibirlas como figuras sociales importantes, llegando a considerarlas miembros de la familia o amigos.

Asimismo, estos propietarios también manifestaban recibir un mayor apoyo emocional de sus mascotas y mostraban con más frecuencia comportamientos destinados a reforzar o reparar la relación, como disculparse si les hacían daño de forma accidental.

Sin embargo, los investigadores también detectaron un detalle importante: hablar, acariciar o besar a una mascota no siempre implica atribuirle capacidades humanas; estas conductas pueden aparecer simplemente porque el animal ocupa un lugar importante en nuestro día a día.

Por otro lado, estas conversaciones no tienen por qué ser unidireccionales. Aunque nuestras mascotas no comprenden el lenguaje como nosotros, algunas investigaciones sí sugieren que pueden interpretarnos, a su manera.

Uno de dichos trabajos, publicado en Scientific Reports, comprobó que los perros adultos prestaban mayor atención cuando las personas usaban un tono de voz dirigido específicamente a ellos, caracterizado por una entonación más aguda y expresiva.

Por su parte, otro trabajo publicado en Animal Cognition encontró que los perros mostraban preferencias por determinadas formas de comunicación humana dirigidas hacia ellos.

Esto sugeriría que hablar con nuestras mascotas puede cumplir una función comunicativa real, aunque sea algo muy diferente a mantener una conversación entre personas.

Finalmente, está la relación entre hablar con animales y la empatía. En este sentido, una investigación publicada en Frontiers in Psychology en 2023 encontró que la empatía hacia los animales y la empatía hacia otras personas solo presenta una correlación débil.

En otras palabras: sentir una conexión emocional con nuestro perro o gato no implica que tengamos una mayor capacidad empática hacia todos los seres humanos.

En conclusión, hablar con nuestras mascotas no tiene por qué convertirnos automáticamente en personas más inteligentes, pero tampoco debería interpretarse como una conducta inmadura.

La evidencia científica indicaría que estas conversaciones forman parte de nuestra capacidad para establecer conexiones sociales y emocionales y, aunque nuestro perro no sea capaz de contarnos cómo le ha ido el día, probablemente agradecerá que nos interesemos por él y su bienestar.