Llegar a casa después de una jornada laboral y sentirse incapaz de decidir qué cenar, qué película ver o qué tarea resolver primero es una experiencia cada vez más habitual. Según la psiquiatra Marian Rojas Estapé, detrás de este agotamiento cotidiano existe una explicación.
La especialista ha abordado este fenómeno, conocido como fatiga decisional, en el programa Fin de Semana de COPE, junto a Cristina López Schlichting. La vida moderna no solo exige trabajar y conciliar, sino también elegir constantemente entre innumerables opciones.
"No solo estamos cansados de trabajar, de hacer todo, sino también de tomar tantas decisiones, porque hacerlo consume nuestros recursos cognitivos", explica Rojas Estapé.
Este desgaste, aunque menos visible que el cansancio físico, puede condicionar nuestro comportamiento y nuestra capacidad para afrontar las obligaciones diarias. La sociedad hiperconectada obliga a procesar estímulos continuamente.
Aflora nuestra peor versión
Elegir qué correo contestar, qué noticia consultar, qué aplicación abrir o qué ropa ponerse son pequeñas decisiones que, acumuladas, contribuyen a saturar nuestra mente y dificultan mantener la concentración durante toda la jornada.
Para comprender este mecanismo, la psiquiatra compara el cerebro con la batería de un teléfono móvil. La corteza prefrontal, implicada en la planificación, la evaluación de riesgos y el control de los impulsos, interviene en las decisiones y necesita recursos para funcionar.
A medida que se acumulan las elecciones, disminuye nuestra capacidad para responder con claridad. Rojas Estapé describe este momento mediante una comparación cotidiana: "Cuando llega al 20%, un poco tipo los teléfonos nuestros, se enciende el rojo". Es entonces cuando aparecen las dificultades.
La especialista advierte de que, en ese estado, aflora nuestra peor versión. "El sensible llora, el impulsivo grita, el que come se come la nevera", resume. El agotamiento puede traducirse en irritabilidad, respuestas desproporcionadas o comportamientos automáticos que después lamentamos.
No se trata únicamente de una sensación individual. La fatiga decisional también se ha estudiado en contextos profesionales exigentes, como el judicial, donde las resoluciones pueden variar a lo largo del día. La acumulación de decisiones dificulta mantener siempre el mismo criterio.
La propia psiquiatra recuerda haberse quedado bloqueada ante un pasillo de galletas en el supermercado, incapaz de escoger entre tantas marcas y variedades. El ejemplo refleja cómo incluso una elección aparentemente trivial puede resultar abrumadora cuando la mente está saturada.
Para evitar este desgaste, algunas personas reducen deliberadamente las decisiones innecesarias. La excanciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, acostumbraba a vestir chaquetas de un estilo similar, una forma de simplificar su rutina y reservar energía para cuestiones de mayor importancia.
La solución, según Rojas Estapé, no consiste en exigirse más, sino en organizar mejor los recursos mentales. Anotar las decisiones importantes al comenzar el día permite establecer prioridades y aprovechar las horas en las que la mente suele estar más despejada.
La psiquiatra también recomienda evitar las conversaciones decisivas cuando estamos agotados. Al planificar un asunto importante con su marido, recuerda haber defendido que debía resolverse por la mañana: "Esto se decide a las 8 de la mañana porque hay mayor lucidez de corteza prefrontal".
Simplificar las rutinas, reducir las elecciones superfluas y reservar los asuntos complejos para los momentos de mayor claridad puede ayudar a combatir esta fatiga silenciosa. En una sociedad que exige atención permanente, aprender a decidir cuándo decidir también resulta fundamental.
