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Coger a un perro en brazos puede parecer la forma de darle cariño. Sin embargo, la postura importa. Sostenerlo boca arriba como si fuera un bebé, si quedan colgando las patas traseras, no siempre resulta cómodo y puede concentrar una tensión sobre la espalda, los hombros o las articulaciones.

Esto no significa que abrazar o levantar a un perro sano vaya a lesionarlo. El riesgo aparece cuando su cuerpo queda sin apoyo, se le eleva tirando de las patas delanteras o se repite una postura que le obliga a curvar la columna. También aumenta en animales mayores, con artrosis, displasia de cadera o problemas de disco.

El error consiste en pensar que un perro pequeño puede levantarse de cualquier manera. Sujetarlo únicamente por las axilas deja suspendida toda la parte posterior del cuerpo y traslada la carga hacia las extremidades delanteras. Tampoco conviene alzarlo por las patas, el collar o la piel del cuello.

Las organizaciones veterinarias y de bienestar animal coinciden en una idea sencilla: al levantarlo hay que sostener simultáneamente la parte delantera y la trasera. Una mano o brazo debe colocarse bajo el pecho, detrás de las extremidades anteriores, mientras la otra sostiene la pelvis y los cuartos traseros.

Cómo levantarlo sin dejar el cuerpo colgando

Antes de cogerlo, conviene acercarse sin sorprenderlo y flexionar las rodillas para situarse a su altura. El movimiento debe ser coordinado, sin prisa y sin tirones, manteniendo su cuerpo cerca del torso de la persona. De ese modo se reduce el balanceo y el animal se siente más estable.

En los perros pequeños puede introducirse una mano bajo el pecho y apoyar la parte posterior sobre el otro antebrazo. Si el animal es mediano, suele resultar más seguro pasar un brazo alrededor del pecho y el otro por detrás de las patas traseras, levantándolo como una unidad y manteniendo la columna en una posición natural.

Un perro grande no debería cargarse sin ayuda si su peso impide controlar el movimiento. La organización veterinaria PDSA aconseja pedir colaboración cuando el animal supera los 15 kilos. Una manta rígida, una tabla o un arnés de soporte pueden servir para trasladarlo sin doblar la espalda.

La precaución debe ser todavía mayor ante una caída, un atropello o una posible lesión vertebral. En estos casos no hay que levantar al perro como se haría normalmente. La cabeza, el cuello y la espalda deben mantenerse alineados, reduciendo los movimientos y siguiendo las indicaciones de un veterinario.

Algunas razas merecen especial atención. Los perros condrodistróficos, como el teckel, presentan mayor predisposición a la enfermedad del disco intervertebral. La Universidad de Cornell incluye entre sus posibles signos el dolor de espalda, la resistencia a saltar o caminar y la vocalización cuando el animal se mueve o es levantado.

La incomodidad se expresa mediante el comportamiento. Girar la cabeza, tensar el cuerpo, echar las orejas hacia atrás, intentar escapar, gruñir o lamerse el hocico repetidamente pueden indicar que el perro no desea ser cogido. Obligarle a permanecer boca arriba puede aumentar el miedo y provocar una respuesta defensiva.

Si un animal que aceptaba los brazos empieza de repente a evitarlos, no conviene atribuirlo sin más al carácter. Un quejido, rigidez, cojera o dificultad para subir escaleras puede revelar dolor articular, abdominal o vertebral y requiere una revisión profesional.

Cogerlo correctamente tampoco sustituye su autonomía. Un perro capaz de caminar no necesita ser transportado continuamente, y existen alternativas como rampas o escalones para subir al coche o al sofá. El cariño puede demostrarse jugando, paseando o acariciándolo donde se sienta cómodo.

La posición de bebé no es peligrosa por su nombre, sino cuando fuerza el cuerpo o ignora las señales del animal. Si el pecho, la pelvis, la columna y la cabeza quedan bien apoyados y el perro está relajado, llevarlo unos instantes puede ser seguro. La regla útil es sencilla: afecto sí, pero nunca a costa de que su cuerpo cuelgue.