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Un gato que maúlla constantemente, sigue a su cuidador por toda la casa o reclama interacción una y otra vez puede parecer simplemente muy cariñoso. Sin embargo, en algunos animales ese comportamiento no responde tanto a una necesidad de recibir más caricias como a falta de estimulación y a una forma de alimentarse que no encaja demasiado bien con su comportamiento natural.

Un ensayo clínico publicado en julio de 2026 en Applied Animal Behaviour Science ha aportado nuevos datos sobre esta cuestión. Los investigadores estudiaron a 92 gatos domésticos que vivían exclusivamente o casi exclusivamente dentro de casa y mostraban conductas de búsqueda de atención todos los días. El objetivo era comprobar si proporcionar enriquecimiento alrededor de las comidas podía reducir ese comportamiento.

Los gatos fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. A 44 se les proporcionaron puzles de comida, dispositivos que obligan al animal a manipular, buscar o resolver pequeños problemas para conseguir su alimento. Otros 48 recibieron juguetes sin comida que también debían utilizarse alrededor del momento de alimentarse.

Después de cuatro semanas, los propietarios observaron una reducción de la mayoría de las conductas de búsqueda de atención en ambos grupos. Los gatos reclamaban menos constantemente a sus cuidadores después de incorporar estas actividades a su rutina.

El resultado introduce además un matiz importante: los puzles con comida no funcionaron significativamente mejor que los juguetes convencionales. Por tanto, el estudio no demuestra que todo gato que reclama atención tenga hambre. Lo que sugiere es que una parte de esa insistencia puede estar relacionada con unas necesidades de actividad, exploración y búsqueda que no están suficientemente cubiertas.

Un gato no está diseñado para comer solo dos veces al día

Las recomendaciones de la American Association of Feline Practitioners y la International Society of Feline Medicine llevan años planteando una idea similar. Los gatos domésticos conservan gran parte del patrón alimentario de un cazador solitario: en condiciones naturales obtendrían pequeñas presas repartidas a lo largo del día en lugar de sentarse frente a un gran plato una o dos veces.

Las guías veterinarias recomiendan por eso dividir la ración diaria en varias comidas pequeñas distribuidas durante las 24 horas, incorporando cuando sea posible comederos interactivos, búsqueda de alimento y diferentes puntos donde comer. La idea no consiste en darle más calorías, sino en utilizar de otra manera la cantidad que ya necesita.

Los especialistas señalan que esta estrategia permite expresar conductas de exploración, caza y búsqueda y puede ayudar a reducir inactividad, ansiedad y problemas relacionados con la alimentación.

La biología del gato ayuda a entenderlo. Las guías ambientales de AAFP e ISFM explican que un felino que cazara para alimentarse podría capturar alrededor de 10 a 20 pequeñas presas al día, y muchos de sus intentos de caza ni siquiera terminarían con éxito. Comer supondría, por tanto, mucho más que acercarse a un cuenco lleno: implicaría buscar, acechar y realizar actividad física repetidamente.

Incluso estudios experimentales recientes muestran lo particular que resulta su comportamiento alimentario. Una investigación publicada también en 2026 observó que los gatos tienden naturalmente a realizar pequeñas ingestas sucesivas. Cuando se les ofrecía repetidamente el mismo alimento y el mismo olor, su interés disminuía progresivamente; introducir un olor alimentario nuevo era suficiente para recuperar parte de su motivación por comer.

Todo esto ayuda a explicar por qué un gato puede pasar gran parte del día alrededor de su propietario. Si sus únicas actividades relevantes son esperar dos grandes comidas y recibir atención humana, puede aprender que maullar, perseguir a la persona o interrumpirla es una de las pocas formas disponibles de conseguir estimulación.

La solución no consiste simplemente en llenar más el plato. De hecho, dejar comida disponible sin límite puede favorecer el exceso de ingesta y la obesidad. Una alternativa es repartir la misma ración diaria en más tomas, emplear un alimentador automático para alguna de ellas o esconder pequeñas cantidades de alimento en lugares accesibles para que el animal tenga que encontrarlas.

Los comederos tipo puzle permiten además que comer requiera una pequeña actividad física y mental. Deben introducirse progresivamente y adaptarse a la dificultad que cada animal pueda manejar, especialmente en gatos mayores o con problemas de movilidad.

Tampoco conviene asumir automáticamente que un gato que pide comida o atención constantemente necesita únicamente un cambio de rutina. Un aumento repentino del apetito, los maullidos o la inquietud puede ser también un signo médico, especialmente si aparece acompañado de pérdida de peso, más sed o mayor producción de orina.

El hipertiroidismo, por ejemplo, puede provocar en gatos adultos y mayores apetito voraz, pérdida de peso, hiperactividad y vocalización, mientras que la diabetes puede producir pérdida de peso a pesar de que el animal coma más de lo habitual. En esos casos es necesario consultar con un veterinario.

Por eso, decir que un gato que reclama constantemente “no necesita más mimos” es una simplificación. Algunos gatos buscan genuinamente interacción social. Pero la evidencia muestra que, en otros, cambiar cómo reciben su comida y añadir actividad alrededor de ella puede reducir de forma apreciable esa búsqueda continua de atención.

No se trata necesariamente de darle más de comer, sino de conseguir que comer vuelva a ocupar parte de su tiempo: varias pequeñas oportunidades durante el día, algo de búsqueda y un pequeño esfuerzo para conseguirlas. Para un animal cuya biología sigue siendo en buena medida la de un cazador, el cuenco siempre lleno puede resultar mucho menos interesante de lo que parece.