Un gato puede seguir comiendo aunque le duela la boca. Puede acercarse al cuenco, masticar únicamente por un lado o tragarse las croquetas casi enteras sin emitir una queja. Esa capacidad para ocultar el malestar ayuda a explicar por qué las enfermedades dentales avanzan tantas veces sin que la familia las detecte.
El Cornell Feline Health Center recoge que entre el 50% y el 90% de los gatos mayores de cuatro años padecen alguna forma de enfermedad dental. La cifra no se refiere a cualquier enfermedad del organismo, sino a problemas de los dientes, las encías y la boca.
Un gato puede presentar una gingivitis inicial relativamente controlable o lesiones profundas, dolorosas y capaces de destruir el tejido que mantiene el diente unido a la mandíbula.
Las tres enfermedades más frecuentes son la gingivitis, la periodontitis y la resorción dental. La primera comienza con la inflamación de las encías, normalmente asociada a la acumulación de placa bacteriana. Estas pueden verse rojas, hinchadas y sensibles, especialmente en la línea que rodea cada diente.
Si el proceso progresa, puede aparecer periodontitis. La inflamación alcanza entonces los tejidos más profundos, favorece la pérdida de soporte y puede terminar provocando movilidad o caída de piezas. El daño avanzado no se revierte simplemente cepillando los dientes o cambiando el pienso.
El dolor puede permanecer oculto
La resorción dental es un problema distinto y especialmente habitual en gatos. Parte de la estructura del diente comienza a degradarse hasta quedar destruida. Cornell estima que afecta a entre el 20% y el 60% de todos los gatos y a cerca de tres cuartas partes de los mayores de cinco años.
Su causa exacta todavía no se conoce y algunas lesiones permanecen escondidas bajo la encía. Por eso, una boca que parece razonablemente limpia durante una observación puede ocultar raíces alteradas, pérdida ósea o piezas que requieren tratamiento.
El mal aliento suele ser una de las primeras señales, pero no debe considerarse normal por la edad. También pueden aparecer babeo, encías sangrantes, rechazo del alimento duro, comida que cae fuera del plato, movimientos extraños al masticar o el gesto de tocarse repetidamente la boca con una pata.
Otros cambios son menos evidentes. Algunos continúan comiendo porque el hambre supera al dolor; esa conducta no demuestra que sus dientes estén sanos ni que el problema sea leve.
La revisión despierto permite localizar sarro, inflamación, dientes rotos y lesiones visibles, pero no siempre basta. Las guías de la American Animal Hospital Association explican que una evaluación completa requiere anestesia, exploración pieza por pieza, sondaje periodontal y radiografías intraorales.
Estas imágenes son importantes porque buena parte del diente se encuentra bajo la encía. En un estudio citado por las guías, el 42% de los dientes felinos que parecían normales externamente mostraban hallazgos clínicamente relevantes en las radiografías.
Las limpiezas sin anestesia no ofrecen una alternativa equivalente. Pueden retirar parte del sarro visible, pero no permiten explorar con seguridad debajo de la encía, obtener buenas radiografías ni tratar las lesiones dolorosas. Además, generan estrés y riesgo de movimientos o aspiración.
En casa, la medida preventiva más eficaz es el cepillado diario con cepillo y pasta específicos para mascotas. La pasta humana no debe utilizarse. Conviene acostumbrar al gato gradualmente, premiar la colaboración y detenerse si ya existen dolor o encías muy inflamadas, porque manipularlas puede empeorar su aversión.
Si el cepillado no resulta posible, el veterinario puede recomendar dietas, golosinas u otros productos dentales con eficacia evaluada. Ninguno sustituye las revisiones periódicas ni elimina el sarro ya endurecido. La frecuencia de las limpiezas profesionales debe adaptarse a cada animal.
La elevada prevalencia no significa que perder dientes sea inevitable al cumplir cuatro años. Significa que la boca merece la misma vigilancia que el peso, los riñones o las vacunas. Detectar una lesión a tiempo antes de que el gato deje de comer evita dolor, tratamientos más extensos y meses de malestar silencioso.
