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Un gato duerme hecho un ovillo, levanta una pata y termina colocándola justo encima de los ojos. La imagen parece diseñada para triunfar en internet, pero detrás de esa postura existen explicaciones relacionadas con el descanso, la temperatura y la sensación de seguridad.

Manuel Manzano, veterinario y divulgador del canal Veterinario Gratis, sostiene que casi todos los gatos realizan este gesto en algún momento. “El 99% de los gatos se tapa la cara al dormir”, explica. No lo hacen únicamente para evitar que la luz les moleste, según el especialista.

La cifra debe interpretarse como una manera coloquial de señalar que es un comportamiento muy frecuente. No procede de un estudio que haya observado una muestra representativa y concluido que exactamente 99 de cada 100 gatos duermen así. Tampoco sucede durante todas las siestas ni en todos los animales.

La explicación más evidente es la luz. Los gatos pueden descansar muchas horas repartidas a lo largo del día y no siempre encuentran una habitación oscura. Colocar una pata sobre los ojos funciona como un pequeño antifaz cuando duermen cerca de una ventana, una lámpara o una pantalla.

Manzano añade que la postura ayuda a proteger una zona delicada. Aunque viva en una casa sin amenazas, el gato conserva pautas de una especie que debe vigilar su entorno y cuidar las partes más vulnerables mientras descansa. Cubrir los ojos y el hocico reduce su exposición.

También puede existir un componente de seguridad. Rodear la cara con las patas, esconder el hocico contra el cuerpo o acurrucarse estrechamente crea una posición recogida. El animal limita así los estímulos exteriores y puede relajarse en un espacio que ya considera suficientemente tranquilo para dormir.

Una postura que también conserva el calor

La cara, la nariz y las extremidades son zonas desde las que puede perderse temperatura. Al hacerse un ovillo y esconderlas junto al pecho o bajo la cola, el gato reduce la superficie corporal expuesta. Taparse el rostro con una pata puede completar esa estrategia, sobre todo en una habitación fresca.

La postura cambia cuando aumenta la temperatura. Un gato con calor suele estirarse, separar las patas del cuerpo o elegir baldosas y superficies frescas. Por eso, observar cómo duerme puede aportar pistas sobre su comodidad térmica, aunque no permita medir por sí solo si tiene frío o calor.

Que se cubra la cara tampoco demuestra automáticamente que tenga miedo. Para interpretar su estado conviene mirar el conjunto: músculos relajados, respiración regular, orejas en una posición natural y capacidad para cambiar de postura. Un animal cómodo puede dormir acurrucado, de lado o incluso con el abdomen expuesto.

La situación merece atención cuando la postura aparece acompañada de otros cambios. Mantener la cabeza presionada de manera repetida contra paredes, muebles o el suelo no es lo mismo que cubrirse los ojos durante una siesta. El denominado “head pressing” puede asociarse a trastornos neurológicos o metabólicos y requiere valoración veterinaria.

También conviene consultar si el gato parece evitar la luz mientras está despierto, mantiene un ojo cerrado, presenta secreciones, enrojecimiento, inflamación o se frota insistentemente la cara. En esos casos podría existir dolor ocular, una lesión, conjuntivitis u otro problema que no debe confundirse con una postura tierna de sueño.

Un cambio general en el descanso puede resultar igualmente relevante. Dormir mucho más de lo habitual, esconderse, perder el apetito, reducir la interacción o permanecer inmóvil con el cuerpo tenso puede indicar dolor o enfermedad. La comparación útil no es con otros gatos, sino con su rutina anterior.

En condiciones normales, sin embargo, colocar una pata sobre los ojos es un comportamiento cotidiano. Puede bloquear claridad, proteger el rostro, conservar calor o aportar una sensación de recogimiento.

La próxima vez que el gato parezca pedir que nadie lo moleste, no hará falta retirarle la pata ni taparlo con una manta. Bastará con ofrecerle un lugar tranquilo, cálido y con posibilidad de cambiar de posición.