Aunque jugar con los gatos de la casa es siempre recomendable, usar las manos o incluso los pies como juguete es en realidad un grave error que fomenta conductas agresivas difíciles de corregir si se extienden durante el tiempo.
Aunque cuando son pequeños este hábito puede parecer inofensivo y tierno, la verdad es que activa, según expertos en comportamiento felino, el instinto depredador de los animales. Al mover los dedos frente a ellos, los gatos los consideran como presas en movimiento, y por tanto se preparan para un ataque real.
Con ese pequeño gesto, y sin darnos cuenta, activamos ese instinto primitivo de acechar, capturar y morder, eliminando con ello la barrera "natural" que separa el juego de lo que para los gatos es una situación de cacería de verdad.
El principal peligro de esta práctica radica en la confusión de límites que genera en los gatos y las consecuencias a largo plazo. A medida que nuestras mascotas crecen, desarrollan la fuerza de su mandíbula y garras, transformando esos pequeños mordiscos en agresiones que pueden causar heridas serias.
Además, los gatos son incapaces de comprender por qué unas veces se les permite morder y otras se les castiga, lo que puede derivar en comportamientos imprevisibles donde, un gato en particular, ataca a sus dueños de forma imprevista incluso durante una sesión de mimos.
Es mejor usar juguetes reales
No obstante, todo esto se puede prevenir y los expertos tienen soluciones. Los etólogos insisten en la necesidad de interponer siempre un objeto en los juegos para no dejar espacio a que los gatos jueguen con nuestras manos y pies.
El uso de esos juguetes como cañas de pescar falsas, plumas largas o hasta cuerdas o cajas de cartón permite a los gatos canalizar su energía y saciar su instinto cazador de manera segura y controlada.
Estas herramientas establecen una distancia física segura y enseñan a la mascota que el cuerpo humano no es una presa ni tampoco un "área de juego" que se pueda arañar o morder: es un lugar seguro para buscar afecto y tranquilidad, nunca un objetivo de caza.
En caso de que nuestro gato ya haya desarrollado este tipo de conductas, lo mejor es ponerse en contacto con un experto para aplicar cambios en su comportamiento, rompiendo los patrones de juego para que no vuelva a hacer daño a sus dueños. Al final, lo ideal es establecer límites seguros para ambos.
