Servir una lata de comida húmeda a nuestro gato es un gesto cotidiano en muchos hogares españoles. Sin embargo, lo que pocos propietarios saben es que estos envases pueden contener sustancias químicas capaces de pasar a los alimentos, las cuales llevan años despertando el interés de los investigadores por sus potenciales efectos sobre la salud animal.
Así lo ha advertido el veterinario del canal Mascotas y Familias Felices en un reel de Instagram, en el cual recomienda prestar atención al tipo de envase usado para alimentar a nuestros compañeros felinos. El motivo no sería otro que el conocido bisfenol A (BPA), un compuesto empleado en la fabricación de multitud de plásticos y resinas, incluyendo los envases alimentarios.
Muchas latas incorporan un recubrimiento interno que evita el contacto directo entre el alimento y el metal, protegiéndolo de la corrosión. El problema es que algunas de estas resinas pueden contener BPA, una sustancia que, en determinadas condiciones, puede migrar a los alimentos.
De hecho, no es una preocupación exclusiva de la alimentación animal, sino que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reevaluó en 2023 la seguridad de este compuesto y redujo considerablemente su ingesta diaria tolerable o segura dada la evidencia disponible sobre sus potenciales efectos adversos sobre la salud.
Cuál es la alternativa
Recordemos que el bisfenol A está considerado como un disruptor endocrino, es decir, una sustancia capaz de interferir con el funcionamiento hormonal.
En los gatos en particular, una de las enfermedades que más preocupa es el hipertiroidismo felino, especialmente frecuente en animales de edades avanzadas.
En este caso, la glándula tiroides produce un exceso de hormonas y llega a provocar pérdidas de peso a pesar de mantener un apetito elevado, aumento de sed, hiperactividad e incluso alteraciones cardiovasculares.
La posible relación entre las latas de comida para gatos y el hipertiroidismo felino no es nueva. Ya en un trabajo publicado en 2004 en el Journal of the American Veterinary Medical Association se encontró una asociación entre el consumo de determinados alimentos enlatados y un mayor riesgo de desarrollar hipertiroidismo.
Aun así, conviene interpretar estos resultados con cautela: una asociación no demuestra causalidad, por lo que no es posible demostrar que el BPA sea el responsable directo de la enfermedad.
De hecho, otro trabajo posterior con 69 gatos encontró concentraciones más elevadas de BPA en los animales alimentados con comida enlatada, pero no identificó una relación significativa entre este compuesto y su función tiroidea.
El veterinario recomienda sustituir las latas por sobres o envases tipo pouch, aunque también existe una alternativa para quienes prefieren seguir usando latas: buscar productos identificados como libres de BPA.
Además, esta recomendación tiene cierto respaldo científico; un trabajo publicado en el Journal of Feline Medicine and Surgery analizó 172 muestras de alimentos comerciales para gatos y encontró mayores concentraciones de BPA en las conservas enlatadas.
Mientras que las latas presentaban una concentración promedio de 24,6 nanogramos por gramo, los sobres registraron apenas 0,591 nanogramos por gramo.
Sin embargo, estos últimos tampoco estaban completamente libres de ese compuesto, por lo que cambiar de envase puede ayudar a reducir la exposición pero no garantizar una eliminación absoluta del mismo.
Además, la Unión Europea ya ha adoptado medidas para limitar este problema. En diciembre de 2024 se aprobó la prohibición de BPA en materiales destinados a entrar en contacto con alimentos, incluyendo el revestimiento de latas, con periodos transitorios para adaptar su fabricación y comercialización.
Por tanto, es preciso puntualizar que no es necesario eliminar la comida húmeda de la dieta del gato ni alarmarse por haber usado estas conservas durante años.
Elegir envases libres de BPA y consultar con el veterinario ante cualquier cambio de peso, apetito o comportamiento son medidas razonables y suficientes para cuidar de su salud.
