Pasar 20 minutos contemplando árboles, senderos y vegetación puede parecer una pausa demasiado breve para producir algún efecto. Sin embargo, un ensayo con personas mayores de 65 años ha encontrado cambios inmediatos en el estado de ánimo y, en determinadas condiciones, también en la atención.
La investigación, publicada en 2026 en JMIR Aging, reunió a 120 adultos que vivían de forma independiente en el norte de Taiwán. Todos tenían al menos 65 años, conservaban un funcionamiento cognitivo global adecuado y procedían de seis centros comunitarios.
Los participantes fueron distribuidos aleatoriamente en tres grupos de 40 personas. El primero observó durante 20 minutos un entorno natural mediante unas gafas de realidad virtual; el segundo permaneció ese mismo tiempo en un parque real, y el tercero contempló un espacio urbano.
Ninguno realizó ejercicio durante la prueba. Las personas del parque y del entorno urbano permanecieron sentadas observando lo que sucedía a su alrededor, mientras que el grupo virtual contempló una grabación panorámica de 360 grados realizada en el mismo parque utilizado por el segundo grupo.
Antes y después de la sesión, los investigadores evaluaron la atención, las emociones positivas y negativas y diferentes indicadores fisiológicos relacionados con el estrés. Esto permitió comparar el cambio producido en cada participante, además de comprobar si era diferente según el entorno asignado.
Los resultados no fueron idénticos para las tres condiciones. Frente al grupo urbano, quienes contemplaron la naturaleza mediante realidad virtual mejoraron en una prueba de amplitud de dígitos utilizada para medir la capacidad de atención y la memoria de trabajo.
Este grupo también mostró un aumento de las emociones positivas y una reducción de las negativas. Los participantes que permanecieron en el parque real experimentaron una mejoría significativa del ánimo positivo respecto al entorno urbano, pero no una ventaja estadísticamente significativa en la prueba de atención.
Por tanto, el estudio no demuestra simplemente que cualquier contacto de 20 minutos con la naturaleza mejore todas las capacidades mentales. La evidencia más completa sobre ánimo y atención apareció en la experiencia virtual, mientras que la exposición al parque real produjo un efecto más claro sobre el estado emocional.
Un descanso para la atención dirigida
Una de las explicaciones utilizadas por la psicología ambiental es la teoría de la restauración de la atención. Durante buena parte del día se emplea una atención voluntaria para leer, mantener una conversación, conducir o ignorar estímulos irrelevantes. Sostener ese control durante muchas horas puede generar fatiga mental.
Los paisajes naturales contienen movimientos, sonidos y formas que captan el interés sin exigir la misma concentración. El balanceo de las ramas, el agua o el canto de los pájaros producen lo que esta teoría denomina “fascinación suave”: atraen la mirada, pero permiten descansar parcialmente al control atencional.
La experiencia virtual utilizada en la investigación eliminaba además parte de las distracciones presentes en un parque verdadero. Los participantes permanecían sentados, veían un paisaje seleccionado y no tenían que atender al tráfico, orientarse, evitar obstáculos o responder a otras personas.
Esta circunstancia podría explicar que la mejoría de la atención apareciera en el grupo virtual y no alcanzara significación estadística en el parque real. No significa que unas gafas sean mejores que salir al exterior en términos generales, porque un espacio verde verdadero proporciona además movimiento, luz natural, contacto social y estimulación sensorial.
La prueba de amplitud de dígitos tampoco mide toda la cognición. Evalúa la capacidad de mantener y manipular temporalmente una pequeña cantidad de información, pero no permite concluir que una sesión mejore de manera general la memoria, el razonamiento o la inteligencia.
Los investigadores utilizaron también el Trail Making Test, una tarea relacionada con la velocidad de procesamiento y la flexibilidad cognitiva. En estas medidas no encontraron diferencias significativas entre la naturaleza virtual y el espacio urbano, lo que refuerza la idea de que el efecto fue específico y no una mejora cognitiva global.
Tampoco cambiaron significativamente los indicadores fisiológicos examinados. La exposición a la naturaleza no produjo una diferencia clara entre los grupos en las medidas corporales de estrés, pese a que sí se observaron cambios subjetivos en el ánimo.
Esto resulta importante porque sentirse más relajado no implica necesariamente que todos los marcadores fisiológicos hayan cambiado en solo 20 minutos. Los autores hablan de una intervención restauradora inmediata, no de un tratamiento capaz de modificar la salud física o mental a largo plazo.
La duración tampoco debe interpretarse como un número mágico. Los investigadores escogieron 20 minutos basándose en trabajos anteriores que habían observado efectos tras exposiciones breves. Es posible que algunas personas respondan antes, que otras necesiten más tiempo o que la experiencia no produzca un cambio perceptible.
Un estudio anterior con 30 adultos sanos de entre 64 y 79 años encontró que observar fotografías de naturaleza durante apenas seis minutos mejoraba la atención ejecutiva frente a contemplar imágenes urbanas. El efecto fue parecido al registrado en un grupo de universitarios jóvenes.
Sin embargo, no todas las investigaciones han obtenido el mismo resultado. Otro experimento con 75 personas mayores no encontró una restauración significativa de la atención después de mostrar escenas naturales o urbanas. Las diferencias entre las imágenes, las pruebas cognitivas, la cultura de los participantes y su relación previa con la naturaleza pueden modificar los resultados.
El nuevo ensayo aporta mayor solidez por su distribución aleatoria y por comparar tres entornos, pero mantiene limitaciones. Solo evaluó una sesión, midió los resultados inmediatamente después y seleccionó a personas mayores sin un deterioro cognitivo importante ni trastornos psiquiátricos diagnosticados.
Sentarse en un parque, observar un jardín desde un lugar tranquilo o realizar un paseo adaptado a la movilidad individual puede ofrecer un descanso emocional. Cuando salir no sea posible, una experiencia audiovisual inmersiva podría actuar como alternativa accesible, aunque no sustituye todos los beneficios del exterior.
