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La creatina se ha convertido en uno de los suplementos más estudiados para mejorar el rendimiento muscular, pero sus beneficios no dependen únicamente de tomarla. En los adultos de más de 60 años, la evidencia científica más reciente apunta a que su utilidad es especialmente clara cuando se combina con entrenamiento de fuerza, en lugar de utilizarla como una estrategia aislada.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 analizó 11 ensayos clínicos aleatorizados realizados específicamente con adultos de 60 años o más. Los investigadores compararon a personas que entrenaban fuerza y tomaban creatina con otras que realizaban el mismo tipo de entrenamiento sin recibir el suplemento. El resultado principal fue una mejora adicional de la fuerza muscular en el grupo que combinaba ambas intervenciones.

La diferencia fue estadísticamente significativa, aunque los propios autores advierten de que el tamaño del efecto fue pequeño. En términos estadísticos, la combinación de creatina y entrenamiento obtuvo un tamaño de efecto de 0,31, con un intervalo de confianza del 95% situado entre 0,18 y 0,45. La certeza de la evidencia para este resultado fue considerada moderada.

Eso convierte al entrenamiento de fuerza en una parte importante de la ecuación. La creatina puede actuar como un complemento que ayude a mejorar las adaptaciones producidas por el ejercicio, pero los resultados no permiten considerarla un sustituto del entrenamiento.

La fuerza es donde la evidencia resulta más sólida

La creatina participa en el sistema energético que permite regenerar rápidamente ATP mediante la fosfocreatina, algo especialmente relevante durante esfuerzos breves e intensos. Esa disponibilidad energética adicional puede ayudar a realizar algo más de trabajo durante las sesiones de entrenamiento y, mantenida en el tiempo, favorecer determinadas adaptaciones musculares.

En personas mayores esto tiene especial interés porque con la edad se produce una pérdida progresiva de fuerza y masa muscular. El entrenamiento de resistencia es una de las principales estrategias utilizadas para contrarrestar ese deterioro, y la creatina se ha estudiado precisamente como una posible herramienta complementaria.

Un metaanálisis publicado en 2025, que reunió ocho ensayos clínicos y 482 participantes, encontró que añadir creatina al entrenamiento de fuerza produjo mayores mejoras en la fuerza de las piernas y en la masa de tejido magro frente al entrenamiento acompañado de placebo. Las intervenciones analizadas incluían generalmente entre dos y tres sesiones semanales de entrenamiento.

Los resultados encajan con trabajos anteriores. Una revisión que reunió 22 estudios y 721 participantes, con edades medias comprendidas aproximadamente entre los 57 y 70 años, observó que quienes combinaban creatina y entrenamiento ganaban de media 1,37 kilos más de masa magra que quienes entrenaban sin creatina. También se observaron mayores mejoras en ejercicios como el press de pecho y el press de piernas.

Sin embargo, la investigación más reciente introduce un matiz importante. El metaanálisis de 2026, restringido específicamente a personas de 60 años o más, encontró un beneficio claro sobre la fuerza, pero no pudo confirmar con la misma seguridad una mejora adicional en masa muscular o capacidad funcional.

Para la masa muscular, el resultado conjunto fue positivo pero no alcanzó significación estadística. Algo similar ocurrió con pruebas funcionales como levantarse de una silla, caminar o completar el test Timed Up and Go. Además, la certeza de la evidencia fue baja para la masa muscular y muy baja para la función física.

Por eso, afirmar simplemente que la creatina “funciona” después de los 60 puede resultar demasiado amplio. Lo que mejor respaldan actualmente los ensayos clínicos es que puede aportar una ventaja adicional para ganar fuerza cuando acompaña a un programa de entrenamiento de resistencia.

Tampoco parece existir todavía una fórmula única que garantice mejores resultados. En el análisis de 2026, factores como la dosis de creatina, utilizar o no una fase inicial de carga, la duración del programa, la frecuencia de entrenamiento, su intensidad o el sexo de los participantes no explicaron de manera consistente las diferencias entre estudios.

Los investigadores señalan además otra precaución: la mayoría de los participantes eran adultos mayores relativamente sanos. Los resultados no deben trasladarse automáticamente a personas con fragilidad, sarcopenia avanzada o limitaciones funcionales importantes, grupos en los que todavía hacen falta ensayos específicos.

La conclusión, por tanto, no es que una persona mayor de 60 años necesite tomar creatina obligatoriamente. La evidencia señala algo más concreto: si el objetivo es conservar o aumentar la fuerza muscular, el entrenamiento de fuerza sigue siendo la intervención fundamental y la creatina puede añadir un beneficio modesto a sus resultados.

Después de los 60, tomar el suplemento sin modificar la actividad física no equivale a obtener los mismos efectos observados en los ensayos. Es precisamente la combinación de estímulo muscular y suplementación la que acumula la evidencia más consistente hasta ahora.