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Las DANAS van a ser mucho más potentes en los próximos años. Aunque la formación de estas tormentas depende de la variabilidad atmosférica natural, la comunidad científica coincide en que el verdadero peligro radica en el cambio de su comportamiento.

El factor clave que multiplica la peligrosidad de estas tormentas es el aumento global de las temperaturas, que funciona como un combustible de alta potencia para la atmósfera. Según las leyes de la física, por cada grado centígrado que se calienta el planeta el aire tiene la capacidad de retener un 7% más de vapor de agua.

Esta acumulación masiva de humedad provoca que, cuando una masa de aire frío se desgaja en altura, la atmósfera descargue cantidades de agua desproporcionadas en periodos de tiempo muy cortos, desbordando cualquier previsión.

A este fenómeno, además, se suma en nuestro caso un mar Mediterráneo que cada vez es más cálido, con temperaturas superficiales que baten récords año tras año. El gran problema de esto es que el calentamiento marino actúa como un motor térmico enorme que inyecta calor y energía directa a las cajas más bajas de la atmósfera.

Lluvias más agresivas

Y ahí es cuando se produce el principal problema, porque cuando chocan con los aires gélidos de la DANA, se desencadena una inestabilidad espectacular que da lugar a esas tormentas tan potentes que estamos viviendo estos últimos días.

Lo más curioso es que estas fuertes lluvias pueden permanecer estáticas sobre una misma zona durante horas y provocar inundaciones considerables -en zonas como Cataluña se está viviendo eso ahora mismo, con áreas repletas de agua a causa de las fuertes lluvias torrenciales-.

Pero los expertos, al mismo tiempo, no lo dejan todo en manos de la naturaleza y también reafirman que la mano del ser humano tras el cambio climático ha transformado por completo el clima tal y como lo conocíamos, modificando también esas tormentas.

Los análisis actuales estiman que las precipitaciones ligadas a estos sistemas son ahora entre un 12% y un 15% más intensas que la era preindustrial, y parece que esos datos pueden escalar aún más con el tiempo a medida que el calor se vaya apoderando del planeta.

El gran desafío ahora ya no es predecir cuándo llegará la próxima DANA, sino adaptar las infraestructuras urbanas para resistir estos niveles de lluvias tan extremas en localidades que, por otro lado, nunca se habían enfrentado a inundaciones de estas magnitudes.