P. G. Santos
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La cena suele convertirse en una batalla entre el deseo de comer y la intención de cuidar la alimentación. Frente a la ensalada, la nutricionista Sandra Moñino propone una alternativa: una pizza casera proteica con cebolla, queso y jamón.

La propuesta, difundida por Moñino en redes, parte de una idea: no es necesario desterrar la pizza de una alimentación equilibrada, sino modificar sus ingredientes. Su versión sustituye la masa por una base con queso cottage, huevos y almendra.

El cambio resulta relevante porque la masa convencional concentra buena parte de los hidratos de carbono. En esta alternativa, el queso cottage y el huevo aportan proteínas, mientras la harina de almendra proporciona grasa insaturada, fibra y micronutrientes esenciales.

La receta comienza triturando 200 gramos de queso cottage con dos huevos y 25 gramos de harina de almendra, además de sal. La mezcla debe quedar homogénea antes de extenderse sobre papel vegetal y llevarse al horno para cocinarla.

Cena rica en proteínas

Moñino explica que la base necesita un primer horneado para adquirir firmeza y permitir después incorporar los ingredientes. En su preparación, la masa se cocina diez minutos a 220 ºC, hasta que presenta una textura muy compacta y firme.

Después llega el momento de convertirla en pizza. Sobre la base se puede añadir tomate, cebolla fina, champiñones, jamón serrano y queso para gratinar. El orégano completa el conjunto y permite intensificar el sabor sin recurrir a salsas elaboradas.

Tras unos minutos adicionales de horno, el queso queda gratinado y la cebolla adquiere una textura más tierna. El resultado mantiene la apariencia de una pizza convencional, pero cambia su composición al prescindir de harina refinada en la base.

La apuesta por una cena rica en proteínas también busca mejorar la saciedad. Sin embargo, conviene matizar que ningún alimento garantiza evitar los antojos nocturnos o estabilizar la glucosa: la respuesta depende del conjunto de la dieta y circunstancias individuales.

Las recomendaciones alimentarias españolas plantean un patrón basado en verduras, frutas, cereales preferentemente integrales, legumbres, frutos secos y fuentes de proteína. Por eso, una pizza casera puede encajar, especialmente si incorpora vegetales y se controla la cantidad de queso.

El jamón serrano merece, además, cierta moderación. Aunque aporta proteínas, es una carne procesada y suele contener bastante sal. Las guías españolas recomiendan minimizar el consumo de carnes procesadas, por lo que conviene utilizarlo como ingrediente, no como alimento principal.

Tampoco significa que una ensalada sea una mala cena. Una ensalada completa, con verduras, una fuente de proteína y otros alimentos adecuados, puede formar parte de una alimentación saludable. La cuestión también está en la composición, cantidad y contexto.

La pizza de Moñino encaja así en una tendencia creciente: transformar platos cotidianos para hacerlos más compatibles con objetivos nutricionales concretos. El interés de la receta está en ofrecer una alternativa casera, sencilla, rápida, saciante y fácil de preparar.

Para prepararla en casa basta con triturar la base, hornearla, añadir tomate, cebolla, queso y jamón, y volver a gratinar. Con algunos cambios, una cena inspirada en la comida rápida puede convertirse en un plato equilibrado y fácilmente personalizable.