P. G. Santos
Publicada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores

Para los dueños de gatos es muy común que por la noche se produzca esta escena: llega la madrugada, el animal comienza a maullar, corre por la casa o reclama comida mientras su propietario intenta dormir. Pero responder con caricias puede convertir una molestia en un hábito difícil de corregir.

El veterinario Carlos Gutiérrez lanza una advertencia clara para quienes viven esta situación: "Jamás le recompenses con comida, con caricias o con tu atención si maúlla para despertarte". La razón está en cómo los gatos aprenden mediante las consecuencias.

Cuando el animal obtiene algo que desea después de maullar, puede asociar ambas acciones. Así, la atención humana, una caricia, una palabra o levantarse de la cama pueden funcionar como recompensas que mantienen la conducta nocturna en el tiempo.

No se trata, sin embargo, de que el gato esté haciendo algo extraño. Estos animales tienen un patrón de actividad distinto al humano. Como explica Gutiérrez, son animales crepusculares, especialmente activos durante amanecer y atardecer, ligados a su comportamiento.

Modificar progresivamente sus horarios

Esta característica ayuda a entender por qué algunos felinos parecen despertar cuando sus dueños se acuestan. Durante el día pueden dormir largos periodos y reservar parte de su actividad para las horas en las que la vivienda permanece tranquila.

Los especialistas en comportamiento felino señalan además que la actividad nocturna puede convertirse en una conducta aprendida cuando recibe atención. Incluso reprender al animal puede resultar contraproducente, porque sigue proporcionándole interacción y puede reforzar aquello que se pretende eliminar.

La solución pasa por modificar progresivamente sus horarios y ofrecer alternativas durante el día. Gutiérrez resume la estrategia en una idea sencilla: "La clave es la rutina". Mantener horarios previsibles ayuda al animal a anticipar cuándo jugar y comer.

Eso implica evitar que la madrugada se convierta en un momento de interacción. Si el gato maúlla para reclamar atención, la recomendación es no responder, siempre que no existan señales de que pueda encontrarse enfermo, herido o realmente angustiado.

Ignorar una demanda nocturna no significa ignorar al gato durante el día. Al contrario, conviene concentrar el juego y la interacción en momentos concretos. Una sesión cuando el propietario regresa puede ayudar a liberar energía y reforzar el vínculo.

Después del juego llega la comida y, posteriormente, una etapa de menor estimulación. La secuencia permite establecer una señal cotidiana: actividad, alimentación y calma. Con repetición, el gato puede aprender que la noche no es el momento destinado al juego.

Las recomendaciones veterinarias coinciden en evitar los castigos físicos o las respuestas bruscas. Además de no resolver la causa, pueden generar miedo. El objetivo es retirar el premio asociado al maullido y reforzar, en cambio, los momentos de calma.

El proceso no suele ser inmediato. Carlos Gutiérrez advierte de que se trata de "una adaptación que suele ser lenta". La constancia resulta fundamental, porque ceder ocasionalmente puede mantener la asociación entre maullar y conseguir atención, comida o afecto.

Si la vocalización aparece de repente, se vuelve intensa o afecta a un gato mayor, conviene consultar con un veterinario. El maullido nocturno puede estar directamente relacionado con dolor, problemas médicos o alteraciones, y no siempre responde a hábitos.