Los vestuarios de fútbol no son ajenos a los cambios sociales; de hecho, incluso los magnifican. Así lo considera Javier López Vallejo, exfutbolista y actual psicólogo de la selección española de fútbol.
Recientemente ha reflexionado sobre las diferencias entre los jóvenes jugadores internacionales actuales, como Yamal o Williams, respecto a los jugadores de generaciones anteriores.
Como explica López Vallejo en una entrevista al pódcast 'Los Fulanos': "La generación de Lamine Yamal, de Nico Williams, de todos estos sí es distinta a la que viví. Nada que ver"
El psicólogo cuenta una experiencia especialmente significativa, dado que él llegó al primer equipo precisamente con 16 o 17 años, recordando que tenía "cero derechos y todo obligaciones".
Ahora, según explica, el péndulo parece haberse desplazado al extremo opuesto, con "más derechos que obligaciones".
Fútbol, un reflejo social
Sin embargo, cabe destacar que detrás de esta aparente pérdida de disciplina también puede esconderse un profundo cambio en nuestra forma de entender la motivación.
Durante décadas, gran parte del deporte de élite se construyó alrededor de modelos de liderazgo con una fuerte jerarquía, donde el entrenador ordenaba y el futbolista simplemente obedecía. Hoy en día la psicología deportiva cuestiona que ese modelo sea el más eficaz.
Una de las teorías más estudiadas al respecto es la teoría de la autodeterminación, según la cual las personas funcionan mejor cuando se satisfacen tres necesidades psicológicas fundamentales: sentirse competentes, mantener vínculos con los demás y disponer de cierto grado de autonomía.
Aunque, eso sí, poseer autonomía no significa vivir ajeno a las normas.
En este aspecto, un gran metaanálisis publicado en Psychological Bulletin que reunió 4.561 tamaños de efecto procedentes de 881 muestras y más de 443.000 personas, encontró que los entornos que favorecen la autonomía, la competencia y la conexión social se asocian con mayor bienestar y también con mejoras del rendimiento, aunque estas últimas algo modestas.
En el deporte ocurre algo similar. Aquellos entrenadores que explican sus decisiones, escuchan al jugador y permiten cierta participación pueden favorecer una motivación más autónoma sin renunciar a los límites o a la exigencia de resultados.
De hecho, una revisión sistemática sobre intervenciones con entrenadores de jóvenes concluyó que es posible enseñar este tipo de estrategias para favorecer la motivación autodeterminada de los deportistas.
Por contra, los estilos excesivamente controladores se han relacionado con peores dinámicas entre entrenador y deportista y con un mayor agotamiento: un estudio con 347 deportistas sugirió que el liderazgo que favorecía la autonomía se relacionaba con una mejor comunicación y un menor burnout, pero el comportamiento controlador mostraba una asociación inversa.
Teniendo todo esto en mente, es posible que la idea no sea devolver a los jóvenes al antiguo modelo de "cero derechos", sino más bien buscar el equilibrio entre autonomía y responsabilidad.
Además, hay otro cambio al que López Vallejo concede especial importancia: captar su atención. En una selección nacional, donde apenas existe tiempo para automatizar conceptos tácticos, como explica el psicólogo, "nuestros entrenamientos son las charlas".
Y la forma de transmitir esos mensajes también requiere de cierta adaptación. Si bien es cierto que existe evidencia alrededor de la falta de atención entre las generaciones jóvenes actuales, no conviene generalizar.
Una revisión publicada este mismo año 2026 encontró que el entorno digital importa: el uso problemático de redes sociales se asociaría con más síntomas de inatención e impulsividad entre los adolescentes, aunque los mismos autores del trabajo puntualizan que la mayoría de los estudios analizados eran observacionales y no era posible demostrar causalidad
El problema, por tanto, no es que Lamine Yamal o Nico Williams pertenezcan a una generación incapaz de escuchar; pero sí han crecido en un ecosistema comunicativo significativamente diferente, y eso obliga también a cambiar y adaptarse a aquellos que pretendan liderarlos.
Ya no es factible usar frases como "porque lo digo yo", y eso no implicará necesariamente menos disciplina. Lo que nos dice la evidencia es que dar autonomía y competencia, reforzar vínculos y plantear expectativas claras es más eficaz.
El equilibrio entre derechos y responsabilidades, y no llegar a los extremismos.
