Publicada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores

Durante décadas, la aparición de las primeras canas ha sido motivo suficiente para acabar acudiendo a la peluquería. Sin embargo, cada vez son más los adultos que deciden abandonar los tintes y dejar al descubierto su cabello natural.

Lejos de representar un descuido o incluso ser sinónimo de dejadez, esta decisión puede esconder un cambio en relación a cómo vemos el envejecimiento, la autoestima y las expectativas sociales.

La psicología ha investigado qué motivos llevan a que algunas personas prescindan de ocultar sus canas.

Y, aunque no existe una motivación generalizada, dado que la decisión parece ser muy individualizada, los estudios sí apuntan a un elemento común: el deseo de sentir autenticidad y seguridad, recuperando el control de la propia apariencia.

Bienestar con uno mismo

En este aspecto, un estudio publicado en el Journal of Women & Aging, a cargo de las universidades de Exeter, Bath y otras instituciones asociadas, analizó las experiencias de mujeres que habían decidido abandonar los tintes.

Los investigadores identificaron dos preocupaciones contrapuestas: la autenticidad y la competencia. Las participantes querían mostrar su aspecto natural, pero también temían que las canas provocaran que los demás las considerasen menos capaces, especialmente en el entorno laboral.

Esta contradicción resulta especialmente significativa entre las mujeres, las cuales pueden enfrentarse simultáneamente a prejuicios relacionados con su edad y género. Sin embargo, algunas participantes encontraron en el cabello natural una forma de reconciliar su apariencia con su identidad.

Dejar de teñirse les permitía abandonar una rutina que ya no respondía a sus preferencias personales. Eso sí, esto no significa que todas las mujeres experimentasen una mejora inmediata de su autoestima; de hecho, algunas describieron inseguridad durante esta transición y continuaron usando otras estrategias estéticas para cuidar su imagen.

Este fenómeno puede entenderse mediante la teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan.

Según dicho modelo, la autonomía constituye una necesidad psicológica fundamental: las personas experimentan mayor bienestar cuando pueden tomar decisiones coherentes con sus valores, en lugar de actuar exclusivamente para satisfacer expectativas ajenas.

De nuevo, existe evidencia al respecto. Una revisión sistemática y metanálisis publicada en PsyCh Journal examinó 23 estudios sobre estas necesidades psicológicas durante el envejecimiento, de las cuales 17 pudieron incluirse en el análisis cuantitativo.

Según sus resultados, la satisfacción de las necesidades psicológicas y la motivación autónoma se relacionaban con mayor bienestar, satisfacción vital y autoestima.

Si bien es cierto que estos resultados no demostrarían que dejarse canas mejora la salud mental, sí nos ayudan a comprender por qué decidir libremente sobre la propia apariencia puede resultar satisfactorio.

Además, cabe recordar que la presión social no es una percepción meramente subjetiva, sino que realmente la sociedad en general tiene una percepción muy generalizada sobre las canas.

Un estudio publicado en 2025 en Frontiers in Psychology examinó cómo influye el cabello gris en los prejuicios que hacemos sobre los demás; para ello, mostraron a 120 participantes fotografías de rostros masculinos y femeninos, modificando digitalmente su color de pelo.

Según sus resultados, los rostros con canas eran percibidos como mayores y menos atractivos. Sin embargo, el cabello gris no modificó las valoraciones sobre el estatus social ni la agresividad.

Una vez más, este experimento pone de manifiesto cómo un rasgo físico puede condicionar nuestra percepción de los demás, sin realmente proporcionar información sobre las capacidades o la personalidad de una persona

Por tanto, la diferencia fundamental no está necesariamente en teñirse las canas o no, sino más bien en la libertad con la que se toma esta decisión.

Una persona puede teñirse porque realmente disfruta cambiando de imagen, mientras que otra puede mantener sus canas porque prefiere verse más natural.

Ninguna elección demuestra por sí misma una mayor seguridad psicológica; lo relevante es que la apariencia no sea una obligación impuesta por el miedo al envejecimiento o al juicio ajeno.