Las olas de calor no serán lo único que va a aumentar en los próximos años: el Mediterráneo también será testigo de un incremento de las tormentas y lluvias extremas debido, de la misma manera, al cambio climático que está sacudiendo el planeta.
El constante aumento de las temperaturas está acelerando el ciclo hidrológico en la cuenca, transformando los patrones climáticos tradicionales en fenómenos mucho más destructivos, y los meteorólogos y expertos ya están avisando sobre lo que se avecina antes de 2050.
El incremento e intensidad de las catástrofes meteorológicas posicionan al sur de Europa y al norte de África en la primera línea de vulnerabilidad frente a la mencionada crisis climática, lo que obliga a crear nuevos planes de contención para evitar que dichos fenómenos afecten a las grandes ciudades y sus habitantes.
Más calor y por tanto más lluvias
El motor de este alarmante pronóstico, por supuesto, es el calentamiento acelerado del mar Mediterráneo, que está registrando temperaturas superficiales muy por encima de las medias históricas en estos últimos años.
El exceso de calor actúa como un combustible de alta potencia para la atmósfera, inyectando enormes cantidades de humedad y energía, y como consecuencia las perturbaciones atmosféricas que antes provocaban lluvias moderadas ahora derivan en fenómenos como DANAs o ciclones de escala pequeña.
Aunque realmente aún hay tiempo para prepararse y para que esas lluvias lleguen de manera más intensa a ciudades de España, los expertos recomiendan implementar nuevas medidas de seguridad para proteger redes de alcantarillado, sistemas de drenaje y hasta las defensas fluviales de diferentes territorios.
Las inundaciones repentinas no solo pondrán en riesgo áreas urbanas y de campo, sino también vidas humanas, con pérdidas del sector agrario y clave para la estabilidad de cadenas de suministro, y es que soportar el "nuevo volumen" de agua de las lluvias torrenciales será un desafío.
Por ahora, no obstante, todavía hay que estudiar cómo va a evolucionar ese cambio drástico en el Mediterráneo, puesto que el clima, ahora mismo, es un tanto impredecible teniendo en cuenta que las estaciones y su duración están cambiando.
Los veranos son cada vez más largos y los inviernos ocupan el resto del año, dejando poco espacio para el otoño y la primavera, lo que incrementa ese sistema de calor que impulsa las lluvias en nuestro mar.
En cualquier caso, es probable que se requiera un rediseño urbano en las costas y hasta veamos la prohibición de construcciones en zonas inundables durante los próximos años.
