J. Rodríguez
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LO ESENCIAL
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Mirar fijamente a un gato no siempre significa desafiarlo ni provoca rechazo. Carlos Gutiérrez, veterinario, cuestiona una creencia muy extendida y explica cuándo este contacto visual puede resultar incómodo o incluso beneficioso.

La idea de que nunca debemos mirar directamente a los ojos de un gato está muy extendida, pero Gutiérrez considera necesario distinguir entre los animales poco socializados y aquellos acostumbrados a convivir con personas.

El veterinario señala que los gatos pueden interpretar una mirada fija como una posible amenaza cuando no existe confianza. En determinadas circunstancias, podrían entenderla como un reto relacionado con territorio, comida o seguridad.

Esta reacción tiene relación con la posición de los ojos de los depredadores, situados frontalmente, frente a muchos animales considerados presas, cuyos ojos aparecen colocados hacia los laterales de la cabeza.

Por eso, un gato poco socializado puede sentirse incómodo si una persona mantiene la mirada durante demasiado tiempo y, especialmente, si después se aproxima directamente mostrando los dientes al sonreír.

Miradas gatunas

Sin embargo, según explica Gutiérrez, esa interpretación no puede aplicarse automáticamente a todos los gatos domésticos. La convivencia y la socialización permiten que muchos animales comprendan que los humanos no representan una amenaza.

De hecho, algunos gatos observan a las personas desde cierta distancia antes de decidir qué hacer. Si no existe confianza, pueden alejarse, esconderse o huir cuando alguien se aproxima demasiado.

Entre los propios gatos, la mirada fija sí puede formar parte de situaciones de tensión. Gutiérrez explica que pueden utilizarla antes de una pelea para medirse, especialmente cuando existe una disputa por el territorio.

Con los humanos, en cambio, el lenguaje visual puede adquirir otros significados cuando existe una relación consolidada. Los gatos intercambian miradas fugaces con sus compañeros para interpretar el contexto y valorar determinadas situaciones.

Además, pueden seguir la mirada humana y observar hacia el punto que está mirando su compañero. Según Gutiérrez, este comportamiento puede aportar información relevante y ayudarles a interpretar situaciones nuevas o potencialmente estresantes.

El contacto visual también puede responder a una necesidad concreta. Un gato puede buscar la mirada de su humano para pedir afecto, reclamar atención o, en muchas ocasiones, solicitar comida.

Gutiérrez también señala que un gato que se encuentra mal puede permanecer quieto y mirar fijamente a un punto o a su humano. Esa conducta puede proporcionar información sobre algo que necesita.

Entre las señales de confianza destaca especialmente el parpadeo lento. Cuando un gato mira a los ojos y entrecierra progresivamente los suyos, incluso sin cerrarlos por completo, puede estar mostrando comodidad y afecto.

Además, según explica el veterinario, los gatos pueden comprender ese mismo gesto cuando procede de una persona. Incluso aquellos animales con los que todavía no existe una relación pueden interpretar positivamente ese parpadeo lento.