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Los primeros meses de una relación suelen coincidir con los momentos más emocionantes y bonitos. Ahí, se concentran más mensajes, planes y gestos de atención. Esa intensidad puede bajar de forma natural y sin que suponga ningún tipo de problema con el tiempo sin que haya nada extraño.

Sin embargo, a veces, ese interés inicial da paso a un exceso de frialdad, falta de empatía y conflictos repetidos. Ese contraste aparece entre las señales descritas por la psicoterapeuta estadounidense Tracy S. Hutchinson para identificar relaciones en las que una persona puede presentar rasgos psicopáticos.

Su propuesta parte de observar comportamientos que se mantienen y se repiten con el tiempo. Una de las primeras pistas puede surgir precisamente al comienzo. La persona se muestra carismática, muy atenta y especialmente implicada, mientras el compromiso avanza más deprisa que la verdadera intimidad emocional.

Hutchinson reúne cinco patrones en un artículo publicado en Psychology Today. La propia autora hace una precisión importante: estas señales no permiten diagnosticar a una pareja como psicópata y deben entenderse como comportamientos que pueden merecer atención.

Al principio puede existir una sensación de conexión muy intensa. Hay interés constante, cercanía y rapidez para avanzar en la relación. Con el tiempo, sin embargo, la reciprocidad emocional puede quedarse muy por debajo de aquella atención inicial.

Una persona comparte pensamientos, preocupaciones o experiencias íntimas y descubre que la otra ofrece poco a cambio. Hutchinson señala que esa falta de correspondencia emocional puede acabar erosionando la confianza, aunque externamente la relación parezca consolidada.

La investigación ha estudiado la relación entre los rasgos psicopáticos y la forma de vincularse sentimentalmente. Un trabajo publicado en 2024 analizó a 238 universitarios y 521 adultos de población general de Países Bajos.

Los participantes respondieron cuestionarios sobre rasgos psicopáticos, regulación emocional y apego romántico. Los investigadores encontraron asociaciones con una mayor inseguridad en las relaciones, tanto por evitación como por ansiedad. El estudio era correlacional y no demuestra que unos rasgos provoquen los otros.

Otro de los patrones señalados tiene que ver con la respuesta ante las emociones de la pareja. Una frialdad llamativa en situaciones en las que cabría esperar preocupación o empatía puede formar parte del perfil descrito por Hutchinson.

También menciona una manera recurrente de afrontar las discusiones. Los problemas terminan siendo responsabilidad de la otra persona y el conflicto se desplaza hacia su supuesta sensibilidad, irracionalidad o comportamiento, con poca reflexión sobre los propios actos.

En otros casos aparecen mentiras, manipulación, gaslighting o rupturas repetidas de la confianza. Hutchinson presta especial atención a la ausencia de arrepentimiento cuando estos comportamientos dañinos se repiten, más que a un episodio aislado.

La quinta señal se relaciona con la vida emocional. Algunas personas con rasgos psicopáticos elevados pueden mostrar poca reflexión sobre sus propios sentimientos o sobre el impacto que sus decisiones tienen en los demás.

Las conversaciones pueden volverse muy desiguales y la reparación después de un conflicto resulta difícil. Lo que tiene más interés es la combinación y persistencia de varios comportamientos, no una reacción fría o una discusión concreta.

Investigación sobre parejas

Los estudios sobre psicopatía dentro de las relaciones sentimentales todavía son limitados. Uno de los trabajos más citados reunió a 457 personas que eran o habían sido parejas de individuos a los que atribuían rasgos psicopáticos.

Los participantes procedían principalmente de grupos de apoyo en internet. Para estimar esos rasgos, valoraron a sus parejas mediante una versión adaptada de una escala de psicopatía, en lugar de contar con un diagnóstico clínico directo de esas personas.

El estudio encontró numerosos relatos de victimización y síntomas psicológicos entre los participantes. También observó asociaciones entre una mayor puntuación en rasgos psicopáticos de la pareja y determinados indicadores de malestar. La selección de la muestra limita cuánto pueden generalizarse esos resultados.

Quienes participan en grupos de apoyo parten precisamente de relaciones que han generado dificultades. Los propios autores reconocen este posible sesgo. Por eso, los resultados no describen necesariamente todas las relaciones mantenidas por personas con puntuaciones elevadas en estos rasgos.

Con todo, hay que actuar con cautela. Que una persona sea extremadamente atenta durante los primeros meses y pierda interés después no implica necesariamente que que tenga rasgos psicopáticos. Ese cambio puede aparecer por numerosos motivos y también sucede en relaciones que simplemente se deterioran con el tiempo.

La propia Hutchinson recuerda que la psicopatía no constituye un diagnóstico independiente en el DSM-5-TR y que identificarla requiere una evaluación formal. El carrusel de Psychology Today pretende llamar la atención sobre determinados patrones, no ofrecer una prueba diagnóstica.

De hecho, muchos de los comportamientos descritos pueden existir sin psicopatía. La falta de comunicación, la inmadurez emocional o una relación deteriorada pueden producir algunas escenas parecidas. Un rasgo aislado aporta muy poca información sobre la personalidad completa de alguien.

Resulta más útil fijarse en cómo evoluciona la relación. La ausencia persistente de empatía, las mentiras, la manipulación o la incapacidad para asumir responsabilidades pueden deteriorar la confianza y el bienestar con independencia de la etiqueta psicológica que exista detrás.