Hay una escena que se repite en muchos hogares en España: el gato se acerca a una mesa, observa un objeto y, con parsimonia, lo empuja hasta hacerlo caer. No es necesariamente una travesura, una venganza ni un desafío para su dueño.
El veterinario español Carlos Gutiérrez, del canal Mascotas y Familias Felices, explica en este vídeo que detrás de este comportamiento habitual existen tres motivos principales. Uno está relacionado con la caza, otro con la curiosidad y el tercero, sorprendentemente, con nuestra reacción.
“Hay principalmente tres motivos y uno de ellos lo provocamos nosotros mismos”, señala Gutiérrez. Su explicación coincide con conocimientos sobre conducta felina.
Y es que estos animales exploran su entorno mediante las patas y pueden aprender rápidamente qué acciones producen determinadas consecuencias.
Cuáles son los motivos
El primer motivo está relacionado con el instinto cazador. Los gatos emplean las patas delanteras para tocar, tantear y comprobar si aquello que tienen delante reacciona. Ese movimiento, ligado a la exploración de presas, puede trasladarse a objetos domésticos.
Por eso, un bolígrafo, una tapa o cualquier pequeño objeto que pueda desplazarse puede convertirse en un improvisado objetivo. El gato lo golpea, espera una respuesta y observa qué sucede. Si se mueve, aumenta el interés y continúa experimentando.
La segunda explicación es la curiosidad. Al no disponer de manos como las personas, los gatos utilizan sus patas para conocer superficies, formas, texturas y movimientos de objetos. Empujar un objeto permite investigar cómo funciona el que tienen delante.
El borde de una mesa añade un atractivo particular. Cuando el objeto cae, produce movimiento y, muchas veces, un ruido repentino. Ambos estímulos pueden captar la atención del felino y transformar una exploración inocente en una actividad entretenida repetible.
Pero existe un tercer motivo en el que los propietarios tienen un papel decisivo. Cuando el gato acerca un objeto al borde, su dueño suele mirar, hablarle, levantarse rápidamente o intervenir para evitar que termine en el suelo finalmente.
Para el animal, esa respuesta puede convertirse en una recompensa. Si descubre que empujar un objeto consigue la atención de una persona, puede aprender que la conducta resulta eficaz para iniciar una interacción, especialmente cuando busca compañía o estímulos.
Incluso una reprimenda puede mantener el comportamiento, porque el gato obtiene igualmente una reacción. Desde esta perspectiva, gritarle o perseguirlo no soluciona el problema: la atención, aunque sea negativa, puede reforzar una conducta que ya ha aprendido a repetir.
La recomendación de Gutiérrez pasa por evitar respuestas exageradas y no levantarse inmediatamente cada vez que algo cae. También resulta conveniente proteger los objetos frágiles, alejándolos de los bordes, para reducir tanto los accidentes como las oportunidades de repetición.
El entorno también importa. Pelotas, juguetes móviles y propuestas de juego pueden ofrecer al gato alternativas para explorar y canalizar su comportamiento. El objetivo no consiste en impedir que utilice sus patas, sino en proporcionarle estímulos adecuados y diarios seguros.
Así, la próxima vez que un gato tire un objeto al suelo conviene mirar más allá del gesto de provocación. Puede estar explorando, activando su instinto cazador o buscando atención. A veces, la reacción es lo que mantiene el comportamiento.
