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Las claves

A partir del próximo 27 de septiembre, muchos de los mensajes que llevamos años viendo en los envases de los supermercados pasarán por un escrutinio mucho más estricto.

Términos como "verde", "eco" o "ecológico", "respetuoso con el medio ambiente", "biodegradable"... ya no podrán usarse a la ligera como forma de marketing. A partir de ahora, las empresas tendrán que justificar estas promesas.

El cambio se debe a la Directiva Europea 2024/835, diseñada para combatir el conocido como greenwashing o ecoimpostura: presentar un producto como más sostenible de lo que es. Y el problema no es una anécdota, sino algo muy generalizado.

De hecho, un análisis de la Comisión Europea encontró que el 53% de estas declaraciones proporcionan información engañosa o infundada y hasta el 40% carecían de pruebas que las respaldasen.

Las etiquetas "verdes" ya no serán suficientes

La nueva normativa introduce una diferencia fundamental entre hacer una afirmación concreta y lanzar una promesa medioambiental genérica: no será lo mismo indicar que "el 100% de la energía utilizada para fabricar el envase procede de fuentes renovables" que limitarse a escribir "envase respetuoso con el clima".

La primera es una afirmación muy específica susceptible de comprobación, mientras que la segunda puede transmitir al consumidor una impresión ambiental favorable sin una clara explicación.

La Directiva menciona expresamente términos como "verde", "ecológico", "respetuoso con el clima", "biodegradable" o "de origen biológico". Se trata de mensajes genéricos que solo podrán usarse cuando exista un comportamiento medioambiental excelente reconocido que los justifique.

Además, también se ponen limitaciones a otros recursos habituales, como el hecho de atribuir al producto entero propiedades de una pequeña parte del mismo. Por ejemplo, sugerir que un artículo está "fabricado con material reciclado" cuando únicamente lo está su envase.

Por su parte, los sellos también sufrirán mayores controles: los distintivos de sostenibilidad deberán apoyarse en un sistema de certificación que cumpla determinados requisitos o haber sido establecidos por una autoridad pública.

Es decir, crear un logotipo verde propio y colocarlo sobre el envase dejará de ser algo sencillo para transmitir apariencia de sostenibilidad. Uno de los cambios más significativos afecta a las declaraciones climáticas.

La normativa prohíbe hablar de un producto como "neutro en carbono", "climáticamente neutro" o con un impacto climático reducido cuando dicha afirmación se base en compensar emisiones de gases de efecto invernadero fuera de la cadena de valor del producto.

Además, las promesas sobre mejoras futuras deberán estar respaldadas por compromisos públicos, objetivos medibles, un plan de ejecución realista y una verificación periódica realizada por un experto independiente.

Cabe destacar que la normativa no elimina ni sustituye el actual sello europeo de agricultura ecológica, la conocida "eurohoja". En los alimentos, los términos "ecológico", "bio" u "orgánico" ya se encuentran regulados de forma específica.

Para usar este logotipo ecológico europeo, un alimento procesado debe contener, entre otros requisitos, al menos un 95% de ingredientes agrícolas ecológicos y someterse a controles y certificaciones.

En este caso, la nueva batalla por parte de Bruselas es más amplia: evitar que los colores verdes, hojas, eslóganes vagos y sellos poco transparentes creen una apariencia de sostenibilidad que el producto en cuestión no pueda demostrar.

Y existe evidencia suficiente para apoyar esta batalla: una revisión sistemática publicada este mismo año 2026 concluyó que el marketing relacionado con la sostenibilidad puede generar un "halo saludable", haciendo percibir a los consumidores que determinados alimentos presentados como "sostenibles" son en realidad más saludables, aunque la sostenibilidad ambiental y la calidad nutricional sean conceptos completamente diferentes.

Por tanto, en conclusión, el cambio del próximo 27 de septiembre pretende que una palabra atractiva en un envase no funcione como argumento de peso. Si el producto adquirido es realmente ecológico y sostenible, deberá demostrarlo y no solo parecerlo.