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Las claves

Bajar la mirada mientras otra persona nos habla suele interpretarse casi de forma automática como una señal de timidez o inseguridad; de hecho, incluso puede resultar sospechoso para algunos, siendo incluso un símbolo de desconfianza.

Sin embargo, la psicología lleva décadas advirtiendo de que la dirección de nuestra mirada durante una conversación tiene funciones mucho más complejas. En determinadas circunstancias, mirar hacia otro lado puede reflejar falta de interés, pero en otros casos ocurre justo lo contrario, siendo un signo de concentración.

La investigación sobre este comportamiento se remonta a los trabajos clásicos de psicólogos como Michael Argyle o Adam Kendon. Este último ya observó que durante una conversación las personas alternan continuamente la mirada fija con su interlocutor y apartan la mirada.

Y no es algo aleatorio: la mirada regula los turnos de palabra, permite comprobar las reacciones de la otra persona e incluso ayuda a señalar cuándo hemos terminado de hablar.

Qué implica el gesto

En una revisión publicada en Frontiers in Psychology, donde se analizaron 29 investigaciones sobre el comportamiento de la mirada durante conversaciones entre adultos, se sugirió que el contacto visual contribuye a controlar los turnos de palabra, supervisar la reacción de nuestro interlocutor y, esencialmente, evitar interrupciones o malentendidos.

También se observó algo interesante: quien escucha suele mirar al hablante más tiempo que quien está hablando. Esta diferencia permite entender cuándo bajar repetidamente la mirada podría sugerir poco interés.

Si alguien escucha una conversación pero apenas dirige la vista hacia quien habla, y este comportamiento se acompaña de otras señales como otorgar escasas respuestas, pocos gestos, una orientación corporal hacia otro lugar o intentos de finalizar la conversación, sí es posible que todos estos factores en su conjunto puedan interpretarse como una menor implicación social o falta de interés.

Sin embargo, pensar que bajar la mirada sin más puede ser sinónimo de desinterés, sin acompañarse de todos estos comportamientos o lenguaje no verbal, sería un error.

Apartar la mirada, de hecho, también puede ayudarnos a pensar, dado que apartar la mirada ya sea hacia abajo o hacia un lado puede contribuir a liberar recursos cognitivos.

En este sentido, un experimento publicado en la revista Cognition comprobó precisamente que mantener el contacto visual podía dificultar determinadas tareas verbales cuando estas exigían simultáneamente recuperar información y seleccionar una respuesta.

Los investigadores observaron que las personas tardaban más en generar determinadas palabras cuando tenían delante un rostro que mantenía contacto visual que cuando la mirada de ese rostro estaba desviada.

Otros trabajos centrados en la conocida como gaze aversion o evitación de la mirada también han detectado que apartar los ojos es más habitual cuando las preguntas se vuelven más difíciles y que, de hecho, bajar o apartar la mirada puede favorecer respuestas más precisas.

En otras palabras, esa persona que mira al suelo antes de contestar puede estar más concentrado en la conversación y no menos. Pero tampoco es posible descartar la timidez o la ansiedad social.

En dicho aspecto, una revisión sistemática publicada sobre el contacto visual y el trastorno de ansiedad social analizó decenas de trabajos y encontró que los adultos con ansiedad social presentan con mayor frecuencia comportamientos de evitación visual durante situaciones de interacción.

Los autores también observaron una tendencia a mantener menos contacto ocular ante diferentes expresiones faciales, tanto positivas como negativas.

Así pues, bajar la mirada realmente no posee una traducción psicológica universal: puede ayudarnos a pensar, reducir la intensidad de una interacción, ser sinónimo de ansiedad o, en determinados casos, mostrar una falta de interés; o todo lo contrario.

La clave, una vez más, estará en el contexto. Nuestra expresión facial y especialmente nuestros ojos pueden transmitir mucha información, pero la psicología no puede deducir lo que piensa una persona observando un solo gesto.

Para saber realmente si alguien está realmente interesado en nosotros o en la conversación, es necesario tener en cuenta muchos otros factores.