El verano de 2026 no se limitó a junio, julio y agosto. El calor propio de la estación comenzó a instalarse en España durante la segunda mitad de mayo y todavía continuó en la primera quincena de septiembre. El resultado, según el balance de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), fue un verano térmico de cuatro meses y el más cálido registrado en, al menos, 157 años.
La afirmación no significa que el calendario haya cambiado ni que todos los próximos veranos vayan a durar exactamente cuatro meses. Describe lo ocurrido con las temperaturas: durante ese periodo se mantuvieron valores propios del pleno verano, aunque astronómica y meteorológicamente parte de mayo y septiembre pertenezcan a otras estaciones.
El primer gran aviso llegó entre el 19 de mayo y el 3 de junio. La temperatura media del conjunto del país se situó unos 5 ºC por encima de lo habitual y alcanzó niveles más propios de julio. Después llegaron tres meses marcados por un calor extraordinariamente persistente, antes de que septiembre añadiera una nueva ola de calor entre los días 2 y 7.
AEMET calcula que la temperatura media del verano meteorológico, comprendido entre el 1 de junio y el 31 de agosto, fue de 24,5 ºC en la España peninsular. Esta cifra supera en 2,4 ºC el promedio del periodo 1991-2020 y en tres décimas el anterior récord, establecido apenas un año antes, en 2025.
Un récord que se remonta hasta 1869
La serie oficial de temperaturas estivales comienza en 1961, pero los climatólogos de AEMET han reconstruido datos históricos que permiten retroceder hasta 1869. Aunque la incertidumbre aumenta cuanto más antiguos son los registros, el análisis no encuentra ningún verano tan cálido como el de 2026 durante esos 157 años.
El calor fue generalizado, aunque no idéntico en todas partes. En gran parte de la Península, las temperaturas medias quedaron entre 1,5 y 3,5 ºC por encima de lo normal. En el nordeste, la anomalía llegó a situarse entre 3,5 y 4,5 ºC. Baleares vivió un verano extremadamente cálido y Canarias, uno muy cálido.
Junio fue el segundo más cálido de la serie y julio igualó el máximo histórico. Agosto ocupó el sexto puesto. Entre las estaciones principales, Murcia alcanzó 44,2 ºC el 23 de julio; Granada y Alcantarilla llegaron a 43,9 ºC, mientras que el aeropuerto de Valencia registró 43,7 ºC el 19 de agosto, durante una tarde especialmente sofocante.
La intensidad estuvo acompañada de una duración excepcional. España acumuló 61 días bajo condiciones de ola de calor en la Península y Baleares, frente a los 41 días de 2022, que ostentaba el récord anterior. Dicho de otra forma, durante aproximadamente dos de cada tres jornadas del verano se dieron temperaturas extremadamente altas en alguna parte de este territorio.
Hubo tres olas de calor durante el trimestre en la Península y Baleares. La primera duró ocho días, del 20 al 27 de junio; la segunda se prolongó 23 días, del 2 al 24 de julio; y la tercera encadenó otros 24 días entre el 28 de julio y el 20 de agosto. Canarias registró además un episodio de cinco días a comienzos de agosto.
El verano también fue muy seco. La precipitación media peninsular alcanzó 39,6 litros por metro cuadrado, solo el 56% de lo habitual. Fue el tercero más seco desde 1961, únicamente por detrás de 1994 y 2016, aunque algunas tormentas intensas dejaron excepciones locales.
Los datos convierten 2026 en un año extraordinario, pero también encajan en una tendencia más amplia. Los diez veranos más cálidos de la serie oficial han ocurrido en el siglo XXI. La señal no es simplemente que haga más calor en julio: las condiciones estivales aparecen antes, se retiran más tarde y los episodios extremos duran más. El verano de cuatro meses no redefine todavía el calendario, pero sí muestra hasta qué punto el clima español ya está desplazando sus fronteras.
