J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Premiar a un gato cuando realiza una conducta adecuada puede ser una herramienta útil para su educación, pero convertir la comida en recompensa automática puede hacer que pierda eficacia con el tiempo.

Carlos Gutiérrez, veterinario y responsable del canal Mascotas y familias felices, explica que educar a un gato consiste en ayudarle a comprender qué comportamientos queremos que repita y cuáles preferimos evitar.

Según el veterinario, educar al compañero felino puede aportar ventajas tanto para la convivencia como para la relación entre animal y persona, ya que el proceso también contribuye a reforzar el vínculo.

Sin embargo, Gutiérrez advierte sobre varios errores habituales que pueden dificultar este aprendizaje. Uno de ellos consiste en asumir que cualquier premio utilizado durante la educación debe ser necesariamente una chuchería.

Las golosinas pueden ser una herramienta importante para enseñar determinadas conductas a un gato, especialmente al principio, porque proporcionan una sensación de satisfacción inmediata que puede favorecer la asociación entre comportamiento y recompensa.

Más que comida

Pero la comida no es la única posibilidad. El veterinario recuerda que las caricias y el juego también pueden utilizarse como premios, siempre acompañados de palabras de apoyo cuando el gato realiza aquello que queremos reforzar.

Decirle al animal que lo ha hecho bien mientras recibe una caricia, juega o come puede ayudarle a relacionar esas palabras con un estado de ánimo positivo y con la satisfacción de haber actuado correctamente.

Con la repetición, esa asociación puede adquirir importancia por sí misma. De esta manera, el gato podría llegar a sentirse recompensado simplemente al escuchar las palabras de apoyo, sin necesitar necesariamente una chuchería cada vez.

El veterinario señala que la comida resulta especialmente útil al comienzo del aprendizaje, pero insiste en que existen distintas formas de reconocer una conducta adecuada. Limitarse siempre a la comida puede ser contraproducente.

Otro error consiste en recompensar al gato absolutamente por todo. Si recibe una chuchería independientemente de lo que haga, el premio pierde progresivamente su significado y deja de representar algo que realmente se ha ganado.

Para Gutiérrez, una recompensa funciona mejor cuando está vinculada a una conducta que la persona quiere que el animal vuelva a realizar. Dar comida incluso cuando simplemente está durmiendo elimina esa relación.

Además, ofrecer chucherías varias veces al día puede tener otra consecuencia: el gato podría ganar peso. El veterinario apunta que estos premios suelen contener una cantidad considerable de grasa, por lo que conviene restringirlos.

La recomendación final pasa por reservar las chucherías para aquellos comportamientos que realmente se quieran reforzar. Así, la comida mantiene su carácter especial y puede seguir funcionando como una herramienta dentro de la educación felina.