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Las claves

El Pirineo se enfrenta a una transformación climática drástica en las próximas décadas. Según las proyecciones científicas coordinadas por el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático, la temperatura media de la cordillera registrará un preocupante aumento de casi 5 ºC durante los meses de verano hacia el año 2080.

Este escenario, un tanto preocupante y que ya tiene a los meteorólogos en alerta, se basa en los modelos climáticos más recientes, que anticipan un calentamiento acelerado si las emisiones globales de gases de efecto invernadero continúan con su ritmo actual.

Las conclusiones del estudio advierten de que este incremento no será un fenómeno puntual, sino un cambio estructural en el clima de la región. El calentamiento afectará de manera continua a todo el territorio transfronterizo, convirtiendo los veranos pirenaicos en periodos de calor extremo y alterando la biodiversidad del ecosistema de montaña.

Es decir, que a grandes rasgos el Pirineo como lo conocíamos va a desaparecer y cambiar radicalmente debido a ese notable ascenso de las temperaturas, que ya se está notando poco a poco debido a ese calentamiento global, que está alargando los veranos y devorando el resto de las estaciones, como el otoño y la primavera.

Un Pirineo diferente en 2080

Y de forma paralela a los cambios que podemos llegar a ver en el territorio, los expertos también prevén una reducción del 15% en las precipitaciones anuales, una caída que será especialmente severa durante la época estival.

La falta de lluvias, sumada a la progresiva pérdida del manto de nieve, agravará el riesgo de sequías y reducirá de forma drástica la disponibilidad de agua dulce para las cuencas hidrográficas que dependan de la cordillera, cambiando todo el sistema.

Los meteorólogos, con todo, alertan de que este proceso de calentamiento ya muestra signos evidentes en la actualidad, como comentábamos unas líneas más arriba. Durante el último cuarto de siglo, las temperaturas máximas en altitudes de entre 1.500 y 2.200 metros han ascendido ya un 1,8 ºC, con una notable pérdida de nieve.

El proceso ya está en marcha pero, como tal, no estará del todo desarrollado hasta dentro de unos años. Aunque, eso sí, no falta tanto como pensamos porque el tiempo pasa y ahora mismo lo que hay que hacer, según expertos, es establecer medidas de protección para intentar luchar contra esas temperaturas.

Además de establecer nuevas estrategias para que las mencionadas cuencas hidrográficas que dependen de la cordillera puedan tener alternativas de cara al futuro para abastecerse.