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Las claves

Sandra Moñino, a través de una entrevista con el pódcast Tengo un plan, asegura que hay que romper con la idea de desayuno tradicional. La nutricionista afirma que es necesario romper mitos y acabar con ese concepto de que, por norma general, hay que desayunar dulce o azúcares.

Según explica, la primera comida del día no tiene que estar vinculada al consumo de bizcochos, bollería o cereales refinados. Por el contrario, defiende alternativas radicalmente diferentes, como una ensalada, que son perfectamente válidas y metabólicamente superiores para arrancar la jornada.

Desde una perspectiva biológica, escoger alimentos azucarados a primera hora de la mañana, tras despertar, responde a una convención puramente social y hasta comercial, más que a una necesidad del propio organismo.

Los desayunos de toda la vida basados en harinas procesadas y azúcares provocan picos drásticos de glucosa en sangre, seguidos de una rápida caída de energía que reactiva la sensación de hambre a las pocas horas.

Cambiar este patrón por platos que incluyan hortalizas y verduras ayuda a estabilizar la insulina y a mantener un rendimiento físico y mental constante durante toda la mañana. En su lugar, se pueden añadir otros alimentos como yogur, frutos secos y por supuesto platos que en realidad comeríamos en otras horas del día -como esa ensalada que comenta la experta-.

Adiós al desayuno tradicional

No obstante, hay que encontrar siempre un equilibrio de buenos alimentos, que nos nutran y aporten todo lo que necesitamos. Por ello, hay que apostar por desayunos, o primeras comidas del día, que sean fuentes de proteína de alta calidad, con grasas saludables e incluso bases vegetales ricas en fibra.

Hay que dar con una combinación que garantice un aporte óptimo de vitaminas y minerales tras el ayuno nocturno y que también estimule la saciedad prolongada para proteger la salud de la microbiota intestinal.

La propuesta de Moñino, para acabar con esa idea de desayuno tradicional basado en bollería o en productos industriales, no solamente prioriza la densidad nutricional sino que también ayuda al control de la inflamación crónica por encima del conteo de calorías.

Aunque desayunar productos que se comerían en otras horas del día pueda parecer extraño, a ojos de muchas personas, lo cierto es que aporta grandes beneficios y puede ayudar a mejorar muchísimo nuestra salud, puesto que desde bien temprano aportamos al cuerpo un verdadero valor nutricional y energético que evita, además, alimentos llenos de azúcares.