Los gatos tienen fama de independientes, pero eso no significa que la convivencia entre varios felinos sea siempre sencilla. De hecho, compartir casa puede desencadenar una peculiar batalla silenciosa.
Por ejemplo, un gato que ocupa un pasillo, otro que deja de utilizar un arenero o uno que parece estar estratégicamente junto al comedero de forma habitual.
No tiene por qué haber bufidos ni peleas; a veces el conflicto es silencioso y consiste simplemente en impedir que el otro llegue a ciertos espacios.
Estas conductas suelen interpretarse como un intento de dominancia. Sin embargo, la evidencia científica es algo más compleja. Las guías advierten de que no existe un "gato alfa" y que este concepto es un mito, pero eso no implica que los felinos no busquen un acceso prioritario a los recursos.
Los conflictos entre gatos
Las guías sobre tensión entre gatos publicadas en 2024 a cargo de la American Association of Feline Practitioners advierten precisamente contra este mito del "gato alfa".
Si bien es cierto que pueden existir relaciones entre gatos donde un individuo obtiene acceso prioritario a determinados recursos, la organización social felina no se basa en una jerarquía rígida de dominantes y subordinados.
El problema aparece cuando aquello que los gatos consideran importante no está disponible en la cantidad suficiente, está demasiado concentrado en un solo lugar o puede ser controlado por otro animal: comida y agua son los ejemplos más evidentes, pero también están los areneros, zonas elevadas, escondites, lugares de descanso, rascadores o incluso determinados espacios de paso.
Un gato puede, por ejemplo, permanecer tumbado junto a una puerta sin atacar directamente a un compañero y, aún así, conseguir que este deje de atravesarla. También puede mirar fijamente, perseguir, acechar o controlar el acceso al arenero.
Por estos motivos los expertos prefieren hablar de "tensión entre gatos" y no de jerarquía como tal. Según las mencionadas guías de 2024, las señales de estos problemas aparecen en un alto porcentaje en los hogares donde conviven varios felinos, aunque suelen pasar inadvertidas al ser mucho más sutiles que una pelea.
A pesar de ello, la convivencia con otros gatos no debe verse como algo perjudicial. Una revisión crítica publicada en el Journal of Feline Medicine and Surgery concluyó que el número de gatos de una vivienda, aisladamente, no permite determinar su nivel de bienestar.
Hay que tener en cuenta también su personalidad, sus relaciones y, sobre todo, las características del entorno.
En este punto cabe recordar las recomendaciones de las guías de necesidades ambientales felinas de AAFP e ISFM: lo más aconsejable es disponer de varios recursos separados físicamente, de modo que un gato no tenga que enfrentarse necesariamente a otro para comer, beber, descansar o usar el arenero.
No basta solo con colocar dos comederos uno al lado del otro, dado que desde la perspectiva de un gato ambos pueden constituir un único recurso susceptible de ser vigilado. En este caso la distribución espacial importa tanto como el número.
Y parece que aún existe un significativo margen de mejora. Un estudio reciente realizado en 565 hogares encontró que, entre las viviendas con varios gatos, era frecuente que los animales compartiesen recipientes de agua y que hubiese menos areneros que gatos.
Además, algunos problemas de comportamiento, como la micción fuera del arenero, fueron más frecuentes en hogares multigato. Así pues, como conclusión, es importante puntualizar que intentar castigar a un supuesto "gato dominante" no es una buena opción.
La primera pregunta que debemos hacernos en un hogar multigato donde existen alteraciones del comportamiento es si cada gato puede acceder tranquilamente a sus propios recursos sin cruzarse, competir o sentirse vigilado por el otro.
En este sentido, mejorar una convivencia conflictiva no requiere enseñar a dos gatos quién manda, sino más bien darles suficientes opciones para que ninguno tenga que hacerlo.
