P. G. Santos
Publicada
Las claves

España ha cambiado su paisaje familiar. En muchos parques, los perros han ganado protagonismo mientras disminuyen los niños que juegan en los columpios. Detrás de esa imagen hay una transformación demográfica marcada por la baja natalidad y dificultades económicas.

Los datos ayudan a entenderla. Desde 2021, los hogares han sumado un 14,1% más de animales de compañía, mientras la natalidad sólo ha crecido un 1,05% en el mismo período.

El contraste resulta visible en barrios céntricos de ciudades como Madrid o Barcelona, donde sus familias encuentran viviendas caras, espacios reducidos y un coste de crianza elevado.

Muchos hogares jóvenes terminan desplazándose hacia la periferia, mientras las mascotas permanecen integradas en la ciudad. En paralelo, también ha cambiado la relación con los animales.

Humanización de las mascotas

José Luis Puchol, veterinario, explica en una entrevista que el antiguo propietario se ha convertido progresivamente en tutor. El término refleja una transformación: perros y gatos son considerados miembros fundamentales de familias.

Puchol conoce de cerca esa evolución. Abrió su primera clínica veterinaria nada más terminar la carrera y, con 72 años, dirige actualmente un hospital veterinario con más de 180 personas. Además, prepara el lanzamiento de un centro en oncología animal.

Su experiencia le ha permitido observar cómo los tutores están dispuestos a hacer más por sus animales. Cuidados prolongados e inversión económica reflejan una humanización creciente de las mascotas, que ya no ocupan únicamente un espacio dentro del hogar.

El fenómeno no es exclusivamente español. En Estados Unidos, la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA, por sus siglas en inglés) contabiliza hogares con perros y gatos.

La expansión del vínculo entre personas y animales forma parte de una transformación social que atraviesa sociedades desarrolladas. Con este escenario, la pregunta parece inevitable: ¿es un problema que haya más mascotas que menores?

Puchol responde que no. Para el veterinario, el problema no está en que existan muchos perros y gatos, sino en que nazcan pocos. Su planteamiento introduce una diferencia.

Puchol considera que un animal no debería asumir la función de un hijo, aunque reconoce que algunas personas terminan estableciendo ese vínculo. La realidad existe, sostiene, pero no implica que ambas situaciones sean incompatibles.

El veterinario rechaza establecer una relación entre tener mascotas y renunciar a la maternidad o paternidad. La ausencia de hijos puede dejar un hueco emocional que algunas personas llenan con animales, pero esa decisión responde también a circunstancias económicas, sociales y culturales.

El propio Puchol utiliza su historia familiar para ilustrarlo. Es uno de nueve hermanos y considera que reproducir hoy una familia tan numerosa resultaría inviable para algunos hogares. El coste de vivienda, la conciliación y el tiempo disponible condicionan decisiones reproductivas.

El debate no debería plantearse como una competición entre niños y mascotas. La cuestión de fondo es otra: por qué España tiene cada vez menos nacimientos mientras crece el espacio emocional, económico y familiar destinado a los animales de compañía.

Perros y gatos no tienen que ocupar el lugar de los niños. Pueden integrarse en una familia sin sustituirla. Mascotas e hijos, sostiene el veterinario, no son realidades enfrentadas, sino compatibles si cada uno conserva su propio lugar.