J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Una de las grandes piezas del sistema climático del Atlántico podría afrontar cambios profundos durante las próximas décadas. La ciencia apunta a un debilitamiento de la circulación oceánica conocida como AMOC.

La circulación meridional de retorno del Atlántico transporta agua cálida desde el Atlántico Norte y devuelve aguas más frías hacia el sur a través de las profundidades oceánicas.

Su magnitud ayuda a comprender su importancia: mueve aproximadamente entre 16 y 18 millones de metros cúbicos de agua cada segundo y desplaza enormes cantidades de calor hacia el norte.

Por este motivo, la AMOC desempeña un papel fundamental en el clima del Atlántico y de Europa, tal y como explica la meteoróloga Mar Gómez en su perfil de TikTok. Aunque suele representarse como una gran cinta transportadora, su funcionamiento real resulta bastante más complejo.

Dentro de este sistema también se encuentra la corriente del Golfo, frecuentemente asociada a la circulación atlántica. El problema aparece cuando las aguas alcanzan el Atlántico Norte y comienzan a enfriarse.

Una corriente vital

Al perder temperatura, el agua aumenta su densidad y una parte se hunde. Sin embargo, el calentamiento oceánico modifica este mecanismo y puede dificultar el descenso de las aguas superficiales.

Además, el incremento de las precipitaciones y el deshielo aportan agua dulce al océano. Al reducirse la salinidad y, por tanto, la densidad, el hundimiento resulta más difícil.

Según explica Gómez, los científicos están de acuerdo en que la AMOC probablemente se debilitará a lo largo de este siglo, aunque persisten dudas sobre un posible colapso.

Un estudio publicado en agosto de 2026 en Nature Climate Change introduce, además, una cuestión relevante: las consecuencias podrían depender no solamente de cuánto aumente la temperatura global.

Las simulaciones analizadas plantean que también resulta determinante la velocidad del calentamiento. Cuando este avance era lento, la circulación podía adaptarse incluso con aproximadamente 5,5 grados de calentamiento global.

En cambio, cuando el calentamiento se producía rápidamente, las simulaciones mostraban un comportamiento diferente. En ese escenario, la AMOC podía colapsar cuando el aumento alcanzaba alrededor de dos grados.

Un eventual colapso tendría consecuencias importantes para el clima. El Atlántico se enfriaría considerablemente y algunas zonas europeas experimentarían cambios destacados, especialmente durante los meses de invierno.

Al mismo tiempo, aunque el planeta continuaría calentándose en conjunto, cambiarían los patrones de precipitación. Europa tendería a ser más seca y también se modificaría la distribución de las lluvias.

Los efectos podrían extenderse más allá del continente europeo. Los cinturones de lluvia tropical cambiarían de posición, con posibles repercusiones sobre los sistemas monzónicos que afectan a África y Asia.

Por tanto, un colapso de la AMOC no equivaldría a una nueva edad de hielo repentina, pese a las representaciones cinematográficas de fenómenos climáticos extremos como las mostradas en El día de mañana.

Tampoco significaría que la corriente del Golfo simplemente desapareciera. El escenario descrito por la ciencia sería mucho más complejo, con alteraciones en temperaturas, precipitaciones, tormentas, monzones y nivel del mar.

La principal incógnita continúa siendo cuándo podría producirse un posible colapso y hasta qué punto llegará el debilitamiento. Mientras tanto, los estudios destacan la velocidad del calentamiento como una variable especialmente relevante.