El calentamiento global no significa que los científicos puedan conocer exactamente qué tiempo hará dentro de décadas. El clima, explica Antonio Turiel, describe patrones habituales que se repiten durante periodos prolongados.
Para entenderlo, el físico utiliza una comparación cotidiana: los armarios con ropa de invierno y verano permiten anticipar que las condiciones cambian según la estación, aunque existan excepciones meteorológicas concretas.
Esos patrones se construyen mediante observaciones repetidas y permiten establecer valores típicos, alrededor de los cuales aparecen variaciones accidentales, como una nevada excepcional durante la primavera en un momento determinado.
Según Turiel, esos patrones están cambiando tanto en el mar como en la atmósfera. El planeta posee variabilidad climática natural, pero algunos procesos naturales operan en escalas temporales mucho mayores.
El físico recuerda que las glaciaciones forman parte de esa variabilidad natural y se desarrollan durante periodos de unos 130.000 años. Por eso considera importante diferenciar esos procesos de los cambios actuales.
Peores escenarios
Turiel señala que la historia geológica de la Tierra incluye climas muy diferentes, algo lógico en un planeta de aproximadamente 4.500 millones de años. Sin embargo, la humanidad ha vivido bajo condiciones más estables.
El problema climático, sostiene, interesa porque afecta a la capacidad del planeta para mantener condiciones compatibles con la vida humana. Como ejemplo, menciona concentraciones de dióxido de carbono muy superiores a las actuales.
Hace unos 300 millones de años, explica, el dióxido de carbono alcanzaba entre 1.200 y 1.400 partes por millón. En aquella época las condiciones ambientales eran radicalmente distintas a las actuales.
Según su relato, entonces existían organismos de gran tamaño y las condiciones no permitían la presencia de vertebrados. Por eso considera insuficiente señalar que la Tierra ya experimentó otros climas.
El escenario que plantea después resulta especialmente extremo para España. Turiel menciona a un grupo de científicos alemanes que habría advertido de un posible calentamiento global de tres grados hacia 2050.
Según su exposición, tres grados de calentamiento global supondrían que alrededor del 60% de la superficie terrestre se volvería inhabitable para los seres humanos. Madrid afrontaría también un escenario extremo.
Para Madrid, Turiel sitúa actualmente el calentamiento en torno a 1,5 o 1,6 grados y relaciona ese escenario con posibles jornadas estivales de 45 grados reales, medidas en el aire.
Con dos grados de calentamiento, que sitúa aproximadamente hacia 2035, el físico afirma que Madrid podría alcanzar los 50 grados. A su juicio, permanecer demasiado tiempo a esa temperatura puede resultar mortal.
Con tres grados hacia 2050, Turiel sostiene que Madrid podría alcanzar los 60 grados y que gran parte de la península ibérica tendría muchos días de verano entre 50 y 60 grados.
