J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Los gatos no necesitan grandes esfuerzos para conquistar a quienes conviven con ellos. Su aspecto, sus sonidos y una conducta imprevisible pueden activar mecanismos cerebrales relacionados con el cuidado, la recompensa y la atención.

Carlos Gutiérrez, veterinario del canal Mascotas y familias felices, explica que convivir con estos animales puede despertar una combinación de respuestas que ayuda a entender por qué resultan tan irresistibles para muchas personas.

Una de ellas está relacionada con la oxitocina, una hormona vinculada a la maternidad, al bienestar y a las tendencias protectoras hacia otros seres. Según Gutiérrez, la presencia del gato puede estimularla.

Esta hormona se conoce popularmente como la hormona del amor y se había relacionado también con una disminución del estrés. Sin embargo, el veterinario señala que estudios recientes apuntan en otra dirección.

Los gatos pueden elevar los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, haciendo que el corazón lata más rápido y aumentando el estado de alerta. Gutiérrez lo describe como estrés positivo.

Parecen bebés

Esa activación hace que el propietario permanezca más atento al animal y disponible ante sus demandas. Un ronroneo, un maullido o una petición de atención pueden mantener despierta esa disposición hacia el gato.

A esta respuesta se suma el refuerzo intermitente. Cuando una recompensa aparece siempre después de una acción, el estímulo pierde intensidad. En cambio, la incertidumbre puede hacer más eficaz el sistema de recompensa.

Los gatos encajan especialmente bien en esta dinámica porque no siempre responden cuando sus propietarios los llaman ni permanecen disponibles cuando se espera. Esa conducta independiente vuelve más gratificante cada momento de atención.

Cuando finalmente el gato hace caso, el cerebro puede reaccionar con una descarga de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y la alegría. La recompensa llega porque no estaba garantizada.

El veterinario compara ese efecto con la sensación de ganar la lotería: la imprevisibilidad aumenta el impacto de la recompensa. Así, un pequeño gesto del gato puede convertirse en algo especialmente satisfactorio para su propietario.

El aspecto físico también desempeña un papel. Los ojos grandes y la cabeza redondeada forman parte del llamado esquema infantil, conocido como kindchenschema, que puede captar la atención de los cuidadores y favorecer respuestas protectoras.

Esas características recuerdan a las de los bebés y pueden despertar empatía, atención y necesidad de protección. Por eso, según Gutiérrez, los gatos resultan especialmente atractivos incluso cuando simplemente observamos sus gestos cotidianos.