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Las claves

La muerte de una vaca por el ataque de un animal salvaje no supone únicamente perder el valor económico del ejemplar. Cuando se trata de una explotación láctea, el ganadero también deja de ingresar el dinero correspondiente a la leche que ese animal habría producido durante los meses siguientes.

Asturias ha decidido incorporar esta pérdida a su nuevo sistema de indemnizaciones por los daños provocados por la fauna silvestre. El baremo, que ya se encuentra en vigor, actualiza las cantidades que pueden recibir las explotaciones afectadas y permite valorar no solo al animal muerto, sino también parte del denominado lucro cesante.

En la práctica, esto significa que, si una vaca de leche muere como consecuencia de un ataque reconocido por la Administración, la compensación podrá tener en cuenta la producción que deja de obtenerse. La medida pretende acercar la indemnización al perjuicio económico real sufrido por el propietario, especialmente en aquellas explotaciones que dependen de la venta diaria de leche.

Indemnizaciones más elevadas

El nuevo baremo aprobado por el Principado establece incrementos que oscilan entre el 2% y el 27% para el ganado bovino, dependiendo de factores como la edad, el tipo de animal y su orientación productiva. Además, eleva hasta un 30% la cantidad destinada a compensar el lucro cesante.

Este concepto resulta importante porque el valor de una vaca lechera no se limita al precio que alcanzaría en el mercado. El animal forma parte de un sistema productivo a largo plazo y genera ingresos durante sucesivas lactaciones. Su pérdida obliga al ganadero a buscar un reemplazo y esperar hasta que este pueda integrarse plenamente en la producción.

La regulación también introduce complementos para determinados animales y explotaciones. Las producciones amparadas por una Indicación Geográfica Protegida o una Denominación de Origen Protegida podrán recibir un 10% adicional. También se contempla una valoración específica para las razas autóctonas, cuyo interés no es solamente económico, sino también genético y ambiental.

El Principado señala que la modificación adapta las cantidades a los precios actuales y aporta criterios más precisos para calcular los daños. Hasta ahora, una de las quejas habituales del sector era que las indemnizaciones cubrían el ejemplar perdido, pero no siempre reflejaban todos los ingresos futuros que desaparecían con él.

Las ayudas no se concederán automáticamente por encontrar un animal muerto. El ganadero deberá comunicar el daño y permitir que los técnicos comprueben su origen. La Administración tendrá que reconocer que la muerte o las heridas fueron provocadas por una especie incluida dentro del sistema de compensaciones.

Para facilitar esa primera comunicación, la nueva regulación permitirá aportar fotografías como prueba inicial. También se ampliará la tramitación electrónica y se recurrirá al cruce automático de datos, con la intención de reducir documentos y evitar que el propietario tenga que presentar información que ya se encuentra en poder de la Administración.

Otro cambio relevante es la compatibilidad con las indemnizaciones de Agroseguro. No obstante, la suma de las distintas compensaciones no podrá superar el valor del daño realmente sufrido, ya que las ayudas buscan reparar la pérdida, no generar un beneficio superior a ella.

La actualización tiene especial importancia en una comunidad donde la ganadería extensiva convive con lobos, osos y otras especies silvestres. Durante 2025 se tramitaron más de 4.800 expedientes relacionados con estos daños, según los datos difundidos por RTVE.

El Gobierno asturiano destina alrededor de tres millones de euros a estas compensaciones. Con el nuevo baremo, una explotación que pierda una vaca lechera podrá reclamar una cantidad más próxima al perjuicio completo: el valor del animal y parte de los ingresos que habría generado con la leche que ya no llegará a producir.