Perder a un perro puede dejar un vacío difícil de explicar, especialmente cuando durante años ha formado parte de la vida cotidiana y ha ofrecido una compañía constante, cercana y aparentemente desinteresada.
El psiquiatra Javier Quintero ha reflexionado sobre ese vínculo después de la muerte de su perra Nuski, a la que recuerda como una presencia fundamental durante una parte importante de su vida.
Su experiencia le ha llevado a hablar del amor incondicional desde una perspectiva especialmente personal, alejándose por un momento de su profesión para centrarse en aquello que sintió tras perderla.
Según explica Quintero, existen dos circunstancias que permiten comprender de una manera especialmente intensa qué significa querer sin condiciones: convertirse en madre o padre y compartir la vida con un perro.
La primera experiencia, sostiene el psiquiatra, permite descubrir lo que supone querer a otra persona sin medida, permaneciendo a su lado y ofreciendo afecto independientemente de las circunstancias que puedan aparecer.
La huella que dejan
La segunda, en cambio, permite experimentar el amor incondicional desde el otro lado: el de quien recibe un afecto que no depende de sus logros, comportamientos o aquello que puede ofrecer.
En su reflexión, Quintero destaca precisamente esa particularidad de los perros: no establecen su vínculo con las personas en función de lo que hacen, sino simplemente porque forman parte de sus vidas.
El paso del tiempo puede modificar algunas expresiones de ese cariño. Un perro mayor quizá ya no pueda recibir a su dueño saltando como antes, pero su mirada puede conservar la misma intensidad.
Para Quintero, esa mirada representa una forma de compañía silenciosa que permanece mientras el animal está presente. Cuando finalmente desaparece, la ausencia permite comprender todavía mejor el espacio que ocupaba.
Nuski murió hace unos meses, en un momento especialmente difícil para Quintero y su familia. Por entonces, decidió grabar un vídeo, aunque prefirió conservarlo como un homenaje privado.
Con el paso del tiempo, el psiquiatra sintió que podía compartir aquellas imágenes y convertirlas en un homenaje público a la perra que había acompañado a su familia durante tantos años.
En sus palabras, Nuski representaba presencia, lealtad y amor incondicional. Su recuerdo también le sirve para reivindicar la importancia de esos vínculos cotidianos que, sin hacer ruido, pueden marcar una vida.
La muerte de un animal querido deja dolor, pero también puede hacer visible todo lo que aportó durante su existencia: compañía, afecto y una relación basada en una cercanía difícil de sustituir.
