P. G. Santos
Publicada
Las claves

El nuevo jugador del FC Barcelona Rodri Hernández ha acaparado todas las miradas después de que las cámaras de El Día Después, de Movistar Plus+, captaran al futbolista en el banquillo comentando con Pau Cubarsí el rendimiento del Valencia, su último rival en La Liga.

En la grabación se puede ver que Rodri le espeta a su compañero un "muy flojos estos, muy flojos" en referencia a los jugadores valencianistas, con quienes ya se ha disculpado por sus desafortunadas palabras.

No es extraño que este tipo de comentarios se produzcan cuando se dispone de una ventaja cómoda como la que llevaba el Barcelona el pasado domingo. Sin embargo, lo habitual es que los futbolistas lo hagan ya en el vestuario o con la mano tapada.

En esta ocasión, Rodri se mostró ante las cámaras que le captaron como si no le estuvieran grabando. Según el psicólogo Félix, conocido en redes como @felixpsicoactualidad, en los lugares públicos, seguimos un papel, pero en privado nos relajamos y dejamos de actuar.

Seguir un papel establecido

En el día a día lo que mostramos es "una fachada con ropa, gestos, forma de hablar y lo hacemos para causar una buena impresión en el público, que son los demás". Por ello, este psicólogo piensa que lo que hizo Rodri también lo hacen Vinicius, Cubarsí y cualquier persona.

Y es que las personas actuamos como actores en un escenario. Estas palabras pertenecen a Erving Goffman. Según la teoría de la acción social de este escritor canadiense-estadounidense, la vida social es un escenario donde todos representamos papeles constantemente.

Los futbolistas no escapan a esta dinámica teatral que define nuestras interacciones diarias. En público, los jugadores muestran una fachada cuidadosamente construida con gestos, palabras y actitudes. Buscan causar buena impresión ante la afición y los medios.

El banquillo suele funcionar como telón de fondo donde los deportistas se relajan y dejan de actuar. Expresan opiniones que jamás dirían ante las cámaras, como le sucedió a Rodri sin imaginar que serían grabadas y difundidas.

En los lugares públicos seguimos un papel establecido por normas sociales y expectativas colectivas. Los jugadores profesionales enfrentan presiones adicionales por su visibilidad mediática constante.

Cuando las cámaras invaden el espacio privado, la fachada se resquebraja inevitablemente. El incidente de este pasado domingo demuestra cómo la tecnología puede romper barreras entre escenarios.

Nadie pensó que unas palabras dichas en confianza trascenderían el círculo íntimo del vestuario. La sociedad castiga estas revelaciones aunque todos cometamos errores similares de forma cotidiana.

Goffman señaló que relajamos nuestra actuación cuando estamos lejos del público observador. Los futbolistas también necesitan espacios donde dejar caer la máscara profesional temporalmente.

El caso de Rodri invita a reflexionar sobre los límites entre vida pública y privada. Los atletas merecen zonas de intimidad donde expresarse sin temor a grabaciones ocultas.

La teoría sociológica de Goffman sigue vigente para entender este tipo de controversias deportivas. Todos actuamos, pero no todos merecemos que su escena privada sea expuesta.