La ciencia de la crononutrición confirma que el horario de las comidas es tan crucial para el control del peso como las calorías ingeridas. Diferentes estudios internacionales revelan que cenar tarde altera de forma directa el metabolismo, provocando un incremento en el almacenamiento de grasa y una reducción significativa del gasto energético.
Este fenómeno se debe a que el cuerpo procesa los nutrientes con menor eficiencia a medida que avanza la noche y se reduce la luz solar. Es decir, que el origen de esta especie de desajuste se produce directamente en el corazón de nuestro reloj biológico, diseñado evolutivamente para el descanso tras la puesta del sol.
Cuando cae la noche, el cerebro inicia la producción de melatonina para preparar el organismo para el sueño. Sin embargo, la ingesta tardía de alimentos obliga al sistema digestivo a activarse de manera forzada y eso provoca ese desajuste que puede acabar generando aumentos de peso.
El "conflicto" que se genera en el organismo debilita la sensibilidad a la insulina, lo que se traduce en mayores niveles de azúcar en sangre y en una tendencia natural a acumular tejido graso.
Comer tarde no es muy recomendable
Además del impacto metabólico directo que provoca esto, el hábito de retrasar la cena de manera continuada puede acabar alterando los mecanismos hormonales del apetito, y eso sí que puede ser un problema serio a la larga.
Los expertos señalan que las cenas tardías provocan una caída en los niveles de leptina -la hormona relacionada con la saciedad- y un repunte en la hormona que hace lo contrario, provocar el hambre, la grelina.
Esta alteración química se traduce en una mayor propensión a sufrir antojos y a consumir porciones más grandes en las comidas, lo que hace que sea complicado en muchos casos poder llevar una dieta equilibrada y mantener un peso saludable.
Para contrarrestar todos estos efectos la solución que propone la comunidad científica es sencilla: establecer una ventana de ayuno nocturno de unas dos horas antes de acostarse, y eso significa que hay que adelantar la cena un poquito para que nuestro cuerpo se sienta perfecto.
Cenar antes de las nueve de la noche no solo optimiza la quema de calorías y la digestión, sino que mejora sustancialmente la calidad del descanso profundo y permite que nuestro organismo pueda recuperarse para afrontar con energía el día siguiente.
Además, es recomendable, a su vez, no pasarse con las cantidades de comida en la cena, puesto que también pueden sentar mal y afectar a ese descanso necesario.
