Sentir envidia no siempre implica un sentimiento negativo. Según explica el psicólogo Javier de Haro, esta emoción puede convertirse en una herramienta para avanzar si aprendemos a gestionarla correctamente.
El punto de partida está en distinguir entre dos formas diferentes de experimentar la envidia. Los estudios de Niels Van de Ven y su equipo diferencian una versión benigna de otra maligna.
La primera puede impulsar a una persona a mejorar y alcanzar aquello que desea, mientras que la segunda puede resultar perjudicial y frenar cualquier intento de progresar hacia sus objetivos personales.
De Haro recuerda que las investigaciones de Van de Ven, publicadas en Personality and Social Psychology Bulletin, señalan además que la envidia benigna puede tener un efecto motivador especialmente relevante.
Según explica el psicólogo, esta forma de envidia, cuando está bien canalizada, puede llegar a motivar más que la admiración tanto para mejorar como para aumentar el rendimiento de una persona.
Repensar la envidia
Para conseguirlo, propone seguir cuatro pasos que permitan transformar una emoción potencialmente negativa en un estímulo para actuar. El primero consiste en detenerse cuando aparezca la sensación de envidia y observarla.
En lugar de pensar únicamente en la suerte de quien tiene aquello que deseamos, De Haro propone preguntarse cómo ha conseguido llegar hasta allí y analizar qué hay detrás de esa situación.
El segundo paso consiste en preguntarse si aquello que provoca envidia realmente se necesita o si, en realidad, simplemente se quiere. Para el psicólogo, distinguir ambos conceptos resulta fundamental antes de actuar.
Si la respuesta es que realmente se necesita, llega el tercer paso: pasar a la acción. La propuesta consiste en identificar tres medidas concretas que puedan realizarse ahora, mañana o durante esa semana.
El objetivo no es alcanzar inmediatamente aquello que se envidia, sino acercarse poco a poco mediante acciones concretas. De esta manera, la emoción puede convertirse en una motivación para mejorar.
El cuarto paso exige paciencia y constancia. De Haro utiliza su propia experiencia como ejemplo y recuerda que al comenzar a divulgar habría podido desanimarse al no recibir invitaciones para congresos.
Sin embargo, mantener el esfuerzo le permitió cumplir posteriormente sueños que considera importantes. Su experiencia sirve para insistir en que los resultados pueden necesitar tiempo y que abandonar demasiado pronto puede impedirlos.
Sentir envidia, por tanto, no convierte automáticamente a nadie en una peor persona ni define por completo su forma de ser. Lo importante, según De Haro, es qué hace cada uno con esa emoción.
