Subir y bajar escaleras puede parecer un gesto para considerarlo entrenamiento. Sin embargo, Felipe Isidro, catedrático de Educación Física, reivindica esta actividad cotidiana como herramienta sencilla para combatir el sedentarismo y mantener la autonomía personal a diario.
"Utiliza las escaleras por tu salud", defiende Isidro, que considera los escalones una iniciativa al alcance de cualquiera. Su propuesta encaja con quienes encuentran dificultades para reservar tiempo o mantener rutinas deportivas de forma simple.
El especialista sostiene que subir y bajar escaleras puede ser "seis veces más rentable" que otra recomendación de actividad física, aunque la cifra requiere una precisión: no significa multiplicar por seis sus beneficios, sino hablar de coste-efectividad.
Es decir, el dato compara los recursos para promover una conducta con el aumento de actividad física conseguido. Las intervenciones que fomentan utilizar las escaleras pueden resultar eficientes porque aprovechan espacios y no requieren equipamiento específico ni instalaciones deportivas.
Hallar momentos para desplazarse
Hay una ventaja individual. Un minuto subiendo escaleras a un ritmo cómodo puede incorporar movimiento en jornadas dominadas por el ordenador, el coche, el ascensor y las horas sentado. La clave está en transformar desplazamientos en oportunidades para moverse.
Este esfuerzo implica al tren inferior, una zona que Isidro considera fundamental para conservar la capacidad funcional con el paso de los años. "Si tienes poco tiempo para entrenar, solo piernas es importante", explica, destacando esta musculatura de las piernas.
Su planteamiento adquiere relevancia a partir de los 35 años, cuando comienza una etapa en la que conviene prestar atención al mantenimiento de la fuerza muscular, la movilidad y la capacidad para realizar actividades cotidianas. No se trata de estética, sino de autonomía, también.
Para Isidro, el envejecimiento no puede separarse de aquello que una persona sigue siendo capaz de hacer. "Tienes la edad de lo que puedes hacer", resume, idea que sitúa la condición física como indicador de independencia y calidad de vida, también.
La evidencia científica ha relacionado el uso habitual de escaleras con beneficios cardiovasculares y metabólicos. Incorporar esfuerzos breves puede contribuir a mejorar la resistencia y la circulación, estimular la musculatura de las piernas y exigir trabajo de equilibrio y coordinación diaria.
Esto no convierte las escaleras en un sustituto del ejercicio. Caminar continúa siendo una pieza esencial e irremplazable, mientras que el entrenamiento de fuerza y actividades permiten trabajar capacidades que los escalones no cubren completamente, a menudo, también.
Por eso, la propuesta tiene sentido como parte de una rutina amplia. Bajar una parada antes, caminar unos minutos más o elegir las escaleras frente al ascensor son decisiones pequeñas que, acumuladas, pueden reducir el tiempo dedicado al sedentarismo.
También conviene adaptar la intensidad a cada persona. Quienes tengan limitaciones o problemas de equilibrio deberían valorar qué actividad pueden realizar con seguridad. El propósito no es forzar el cuerpo, sino encontrar movimiento seguro y sostenible.
En una sociedad donde la falta de tiempo es una de las principales barreras para hacer ejercicio, los escalones ofrecen una respuesta accesible. Pueden convertir un trayecto cotidiano en una oportunidad para cuidar la salud de forma sostenible.
