¿Te has sorprendido alguna vez dándole al 'play' por quinta vez al mismo episodio de Friends, The Office o Aquí no hay quien viva, a pesar de tener una lista infinita de estrenos pendientes en las plataformas de streaming?
Si tu respuesta es afirmativa, no estás solo. Y no, no es que carezcas de imaginación o estés terriblemente aburrido.
La ciencia tiene una explicación mucho más profunda y empática para este hábito tan extendido.
Según diversos expertos en el campo de la psicología conductual, el acto de volver a ver series o películas conocidas, un fenómeno bautizado en el ámbito anglosajón como comfort watching (visionado de confort), es en realidad una poderosa herramienta de regulación emocional.
Quienes lo practican a menudo están lidiando con altos niveles de estrés, fatiga mental o ansiedad en su día a día, y utilizan estas ficciones como un auténtico refugio.
El mundo real es caótico, exigente e impredecible, lo que obliga a nuestro cerebro a realizar un gasto de energía constante para mantenerse alerta y procesar nueva información.
La doctora Pamela Rutledge, directora del Centro de Investigación de Psicología de los Medios (Media Psychology Research Center), explica este mecanismo con claridad: "Ver la misma serie o película proporciona un sentido de previsibilidad. Esto es profundamente reconfortante para el cerebro porque reduce drásticamente la carga cognitiva".
Los psicólogos coinciden
Cuando sabemos exactamente qué va a decir un personaje o cómo se va a resolver un conflicto, nuestra mente puede finalmente apagar su sistema de alerta.
No hay sorpresas ni incertidumbre, lo que genera una sensación temporal de control que alivia la ansiedad.
A esta reducción del estrés se suma el hallazgo de las psicólogas Jaye Derrick y Shira Gabriel, investigadoras de la Universidad de Búfalo.
En su célebre estudio publicado en el Journal of Experimental Social Psycology, demostraron que las narrativas familiares actúan como "sustitutos sociales".
Las autoras concluyeron que sumergirnos en el mundo de personajes televisivos conocidos restaura nuestra energía emocional y nuestro autocontrol después de un día social o laboralmente agotador.
El efecto en el cerebro es muy similar al que produce charlar con un viejo amigo en un entorno seguro, pero con una ventaja crucial, no requiere el esfuerzo de interacción que exige la vida real.
En definitiva, la próxima vez que te acomodes en el sofá y rechaces las novedades del catálogo para elegir esa comedia que te sabes de memoria, despídete de la culpa.
Tu cerebro no está perdiendo el tiempo; está llevando a cabo una sofisticada, natural y necesaria terapia de descompresión para afrontar el día de mañana.
