El cardiólogo Charles Toh Chai Soon tiene una particular relación con la comida: cuando acude a un restaurante italiano, casi siempre pide espaguetis carbonara o a la boloñesa. Y, pese a ello, asegura haberse mantenido delgado y sin diabetes.
Toh, considerado uno de los grandes pioneros de la cardiología de Singapur, continúa pasando consulta después de nueve décadas dedicadas a la medicina. Su caso vuelve a plantear una pregunta muy habitual: ¿hasta qué punto importa lo que comemos?
Nacido en 1930 en Ipoh, el especialista fundó estructuras esenciales de la cardiología singapurense y desarrolló parte de su trayectoria en el Hospital General de Singapur. Más tarde trasladó su actividad privada al prestigioso Mount Elizabeth Hospital en Asia.
Su longevidad, sin embargo, no parece descansar únicamente en un alimento concreto. Toh atribuye buena parte de su estado físico a una rutina extremadamente constante, marcada por la disciplina, el trabajo, la actividad física y unos hábitos diarios sencillos.
Suma de varios factores
Cada mañana se levanta a las ocho y llega a la clínica media hora después. Entre las doce y media y las dos realiza su pausa. Su almuerzo habitual es una bento box japonesa, con arroz como ingrediente principal.
Por la tarde continúa trabajando hasta las cinco y mantiene actividad profesional incluso los sábados, aunque durante media jornada. Los domingos reserva tiempo para jugar al golf, una rutina que, según explica su hijo, procura mantener siempre esa rutina.
Cuando sale a comer, en cambio, no parece aplicar una filosofía de prohibiciones. Su hijo, también médico, explica que su padre siente debilidad por la cocina italiana y suele elegir carbonara o boloñesa. El dato resulta especialmente llamativo además.
En una entrevista con la Asociación Médica de Singapur, el propio Toh resumía su experiencia de manera sencilla: "Casi siempre pido espaguetis carbonara y me he mantenido delgado y sin diabetes". Son varios factores, no una receta milagrosa.
De hecho, convertir sus espaguetis en una explicación de su longevidad sería simplificar demasiado. La alimentación es solo una pieza dentro de un patrón vital más amplio, donde también aparecen ejercicio, regularidad, ausencia de tabaco y actividad intelectual constante.
El cardiólogo, además, mantiene una intensa actividad profesional. Rechaza jubilarse porque considera que seguir trabajando mantiene activa su mente. No utiliza ordenador en consulta: prefiere un sencillo tarjetero manual para las citas y cuadernos donde escribe sus anotaciones diarias.
Para Toh, el deterioro cognitivo representa una amenaza mayor para prolongar la vida profesional que otras limitaciones físicas. Por eso concede especial importancia a conversar tranquilamente con pacientes, leer y mantener además intereses intelectuales incluso fuera de su medicina.
También escucha música durante sus desplazamientos y dedica unos 45 minutos a leer antes de acostarse. Le interesa especialmente la historia cultural de las culturas del sudeste asiático y considera que la televisión convencional resulta demasiado pasiva para él.
Su mensaje, por tanto, no consiste en reivindicar la carbonara como alimento saludable. El caso de Toh apunta más bien hacia una idea prudente: la longevidad no depende de un plato aislado, sino de hábitos sostenidos durante muchas décadas.
