Publicada
Actualizada
Las claves

Disfrutar tirando la pelota a un perro en el parque o preferir la tranquilidad de leer un libro con un gato acurrucado en tus piernas son decisiones cotidianas, aparentemente ligada al estilo de vida.

En realidad, esconde un reflejo directo de tu personalidad. Y no lo dice la sabiduría popular, lo confirma la ciencia.

A lo largo de los años, expertos en psicología han analizado el comportamiento de los dueños de mascotas para resolver el eterno debate entre "perros y gatos".

Los resultados son fascinantes y revelan que nuestra afinidad por un animal u otro funciona como un espejo de nuestra mente.

El psicólogo Samuel Gosling, de la Universidad de Texas, llevó a cabo un estudio masivo que marcó un antes y un después en esta materia.

Tras analizar a más de 4.500 personas midiendo los cinco grandes rasgos de la personalidad, Gosling concluyó que los dueños de perros son significativamente más extrovertidos, agradables y concienzudos que los dueños de gatos.

Quienes prefieren a los perros suelen disfrutar de la interacción social y tienden a respetar más las normas y las rutinas.

Dueños de perros y gatos

Según la psicología, esto tiene todo el sentido práctico: tener un perro exige salir a pasear varias veces al día, lo que fomenta el contacto espontáneo con vecinos y desconocidos, atrayendo a personalidades naturalmente cálidas y comunicativas.

Por el contrario, los amantes de los gatos destacan por cualidades muy diferentes. Un revelador estudio liderado por la profesora de psicología Denise Guastello, de la Universidad de Carroll, determinó que las personas que prefieren a los felinos suelen obtener puntuaciones más altas en pruebas de inteligencia y presentan una mente más analítica.

La psicología define a los dueños de gatos como personas más introvertidas, pero extremadamente abiertas a nuevas experiencias.

Son individuos independientes, más propensos a cuestionar las normas establecidas y con un enfoque mucho más inconformista de su entorno.

Guastello cree que esta diferencia radica en los entornos preferidos por cada uno y el reflejo de sus necesidades.

"Tiene sentido que una persona con perro sea más animada, porque va a salir a la calle a hablar con otros. Si eres más introvertido y sensible, tal vez prefieras quedarte en casa leyendo un libro, y tu gato no necesita salir a pasear", señaló.

En definitiva, la psicología confirma que elegimos animales que complementan o reflejan nuestro propio carácter. Los dueños de perros buscan compañía incondicional y energía social, mientras que los dueños de gatos valoran el afecto silencioso, la independencia y el respeto por el espacio personal.

La próxima vez que te cruces con alguien, pregúntale cuál es su mascota favorita; su respuesta te dirá, sin darse cuenta, cómo funciona su cerebro.