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Las claves

Cada vez es más habitual experimentar cambios de tiempo bruscos y los meteorólogos advierten: todo es debido a la inestabilidad atmosférica actual, que puede provocar giros radicales en las temperaturas en cuestión de horas.

Este curioso fenómeno, que realmente siempre ha existido pero ahora se nota más debido a las altas temperaturas a las que podemos llegar en verano, permite pasar de máximas que superan los 40 ºC a un ambiente otoñal que obliga a sacar la chaqueta del armario de manera repentina.

Estas oscilaciones tan bruscas rompen con los patrones climáticos habituales de transición gradual entre estaciones, haciendo que varias de las mismas, como la primavera y el otoño, vean afectadas su duración y se acorten debido a la extensión del periodo estival.

Detrás de este comportamiento meteorológico extremo se encuentran los denominados vuelcos térmicos, causados por la interacción de masas de aire con propiedades opuestas. El choque violento entre el aire cálido y seco estancado en la superficie y la llegada repentina de una masa de aire frío o una DANA en altura desploma los termómetros.

El contraste que se genera por ello acelera, al mismo tiempo, la caída de las temperaturas a una velocidad inusual, acompañada habitualmente de fuertes rachas de viento y tormentas -que es justo lo que estamos viviendo en esta recta final de agosto y principios de septiembre-.

Del calor al frío en horas

El impacto de este bajón térmico, por supuesto, se siente de inmediato y puede afectar a la salud y al bienestar diario. El cuerpo no dispone de tiempo suficiente para aclimatarse a una variación térmica tan agresiva, lo que suele debilitar el sistema inmunológico provocando la aparición de resfriados y fiebres.

No genera problemas mayores, pero sí provoca una especie de "montaña rusa" en el organismo y eso acaba desembocando en una alteración total del cuerpo, pasando del calor al frío demasiado deprisa.

Al final, estas alteraciones meteorológicas obligan, además, a readaptar las planificaciones diarias y los recursos energéticos. La agricultura sufre ese estrés térmico de los cultivos mientras la población se ve obligada a modificar sobre la marcha la gestión del aire acondicionado y la calefacción.

Los especialistas insisten en la importancia de consultar las previsiones para evitar que estos cambios drásticos sean una sorpresa, pero de igual manera a veces es complicado determinar con precisión cómo avanzarán las temperaturas durante las jornadas, y más ahora que el clima está tan alterado y es tan cambiante.