Los veranos van a ser cada vez más calurosos y las olas de calor van a tener una duración mayor, según adelantan los expertos. Tras haber pasado uno de periodos estivales más duros de los últimos años, con termómetros batiendo récords de temperaturas, parece que se avecinan más turbulencias próximamente.
La comunidad meteorológica internacional advierte que las olas de calor ya no se medirán en días, sino en semanas enteras. Este cambio drástico se debe directamente al debilitamiento y estancamiento de la corriente en chorro, el gran motor atmosférico encargado de empujar y renovar los sistemas climáticos en el hemisferio norte, que ahora muestra signos de parálisis.
El origen de este fenómeno radica en la llamada amplificación ártica. La corriente en chorro mencionada, tradicionalmente, se desplazaba a gran velocidad gracias a la enorme diferencia de temperatura entre el gélido Polo Norte y las regiones ecuatoriales.
No obstante, dado que el Ártico se está calentando hasta cuatro veces más rápido que el resto del planeta, este contraste térmico se ha reducido drásticamente, restando fuerza a los vientos globales y provocando que la corriente pierda su dinamismo habitual.
Al ralentizarse, este río de viento en altura deja de avanzar en línea recta y empieza a serpentear, formando enormes curvas o meandros que atrapan los sistemas meteorológicos. Cuando una de estas ondulaciones captura un anticiclón, genera un fenómeno de bloqueo atmosférico.
Es entonces cuando el sistema de alta presión actúa como una tapadera invisible que comprime el aire cálido contra la superficie, impidiendo la entrada de frentes frescos y perpetuando las altas temperaturas en una misma región durante un largo tiempo.
Las olas de calor serán más largas
Todo este proceso técnico se traduce, de manera más común, en importantes olas de calor que ponen en riesgo la salud pública y a la misma ciudadanía, puesto que el aumento de las temperaturas es abismal y las grandes ciudades, que acumulan más calor, se resienten.
De hecho, los científicos ya han realizado varios avisos de que estas "nuevas" olas de calor que tienen un proceso "encadenado" no solo aumentan el peligro de mortalidad y el riesgo de incendios forestales devastadores, sino que también cronifican las sequías.
Actualmente, ya se están estudiando medidas de contención para luchar contra este nuevo escenario climático que se avecina, pero lo cierto es que es un proceso que no se puede detener y que, con el tiempo, obligará a implementar cambios drásticos, sobre todo en las ciudades.
