J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Los gatos observan mucho más de lo que parece a quienes conviven con ellos. Según el veterinario Carlos Gutiérrez, también pueden aprender de sus dueños determinadas formas de comportamiento diario.

El experto explica que los felinos consideran a los humanos parte de su grupo social y los toman como referencia para muchas situaciones cotidianas dentro de casa y su convivencia.

Entre los aprendizajes positivos aparece la paciencia, especialmente importante cuando el gato quiere conseguir inmediatamente algo que considera valioso, como comida, acceso a una ventana o atención humana en el hogar.

Si el animal espera tranquilamente mientras se prepara la cena o permanece junto a una ventana hasta que alguien la abre, puede estar aprendiendo precisamente esa capacidad de espera de su dueño.

Esa paciencia se fomenta cuando sus demandas no reciben una respuesta inmediata. Así, el gato comprende que aquello que desea terminará llegando aunque tenga que esperar durante un tiempo determinado.

Educar por imitación

Para Gutiérrez, esta conducta facilita mucho la convivencia, porque un gato acostumbrado a obtener cualquier cosa simplemente maullando puede utilizar esa estrategia constantemente para reclamar diferentes recursos importantes dentro del hogar.

El objetivo, sin embargo, no consiste en ignorar sus necesidades. El gato seguirá teniendo comida, podrá acceder a la ventana y recibirá atención, pero deberá aprender también determinados momentos de espera.

El veterinario señala que conseguirlo requiere tiempo, especialmente cuando se trata de animales muy demandantes. Es un aprendizaje que debe trabajarse con calma y de manera constante cada día con el tiempo.

El problema aparece cuando sucede justo lo contrario y el gato aprende que puede conseguir cualquier cosa en el momento que quiera porque su dueño nunca establece límites claros en casa.

Una situación frecuente puede producirse durante el teletrabajo. Mientras su dueño participa en una videollamada, el gato puede maullar, subirse al ordenador o exigir caricias y comida continuamente durante la jornada.

Si la persona abandona entonces su puesto para satisfacer esa demanda, el animal aprende que ese comportamiento funciona. Después puede repetirlo para conseguir atención, alimento, caricias o compañía habitualmente en otras ocasiones.

Además, la recompensa no tiene por qué ser comida o contacto físico. Según el veterinario, incluso decirle al gato una palabra puede bastar para reforzar aquello que estaba buscando de forma inmediata.

Por eso, un simple "calla" puede convertirse también en una recompensa si lo que pretendía era conseguir que su dueño se dirigiera a él. La buena noticia es que este aprendizaje puede revertirse.