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Las claves

Para muchas personas, un perro o un gato hace tiempo que dejó de ser simplemente un animal que vive en casa. Forma parte de las rutinas familiares, acompaña durante momentos difíciles y puede convertirse en una de las relaciones más importantes del día a día. Pero no todos los propietarios construyen ese vínculo de la misma manera.

La edad parece ser uno de los factores que pueden influir. Una investigación publicada en Frontiers in Psychiatry analizó a 938 propietarios de perros y gatos y encontró diferencias en la intensidad del apego dependiendo de algunas características de la persona, entre ellas haber superado los 50 años.

El trabajo fue realizado por investigadoras del Animal Behaviour Centre de la Escuela de Psicología de la Queen's University Belfast. Participaron 759 propietarios de perros y 179 de gatos procedentes de distintos países, divididos en tres grupos: entre 18 y 35 años, entre 36 y 50 y mayores de 50.

Para medir su relación utilizaron la Lexington Attachment to Pets Scale, un cuestionario diseñado específicamente para estudiar la intensidad del vínculo entre las personas y sus animales de compañía.

Los autores concluyeron que la edad aparecía como uno de los factores relacionados significativamente con el apego. Según la interpretación presentada por los propios investigadores, las personas mayores de 50 años mostraban un vínculo más fuerte con sus animales que los propietarios más jóvenes.

No fue la única diferencia encontrada. Las mujeres mostraron, en general, un apego superior al de los hombres y los propietarios de perros puntuaron por encima de quienes convivían con gatos. También aparecieron asociaciones con determinados rasgos de personalidad, especialmente la responsabilidad y el neuroticismo.

La mascota puede convertirse en una figura importante

Que una persona esté muy unida a su mascota no significa simplemente que la acaricie más o le compre más juguetes. Las escalas utilizadas en este tipo de investigaciones preguntan por cuestiones como la compañía que proporciona el animal, su consideración como miembro de la familia o la importancia emocional que tiene para su propietario.

En las edades avanzadas, esa presencia puede adquirir un peso considerable. Un estudio realizado con propietarios de 50 años o más encontró que el 96,1% hablaba habitualmente con su mascota, el 92,8% consideraba que aumentaba su felicidad y el 81,4% creía que su animal sabía cómo se sentía.

Otra investigación reciente, basada en el Baltimore Longitudinal Study of Aging, siguió durante una media de 7,5 años a adultos de 50 años o más. Sus resultados encontraron diferencias en la evolución de la ansiedad y la felicidad entre propietarios y personas sin mascotas, aunque los autores insisten en que la relación entre convivencia con animales y bienestar psicológico es mucho más compleja de lo que a veces se presenta.

De hecho, estar más unido a un animal no equivale automáticamente a tener una mejor salud mental. Algunos trabajos han asociado vínculos muy intensos con mayor depresión, soledad o apego ansioso, mientras otros encuentran resultados beneficiosos o ninguna relación significativa. Y tampoco está resuelta la cuestión de la edad.