Hablar con un gato puede parecer una conversación de una sola persona, pero detrás de sus silencios también hay respuestas. Su manera de comunicarse es distinta y muchas veces resulta especialmente sutil.
El veterinario Carlos Gutiérrez ha investigado distintos estudios sobre la capacidad de los gatos para comprender nuestras palabras y explica que estos animales pueden aprender determinados términos, aunque no siempre respondan de forma evidente.
Según señala, convivir con un gato hace inevitable hablarle. Saludarlo al llegar a casa, preguntarle cómo está o llamarlo son comportamientos habituales, aunque la respuesta rara vez llegue mediante palabras comprensibles.
Los gatos pueden reaccionar con un pequeño maullido, dirigir la mirada hacia nosotros o, sencillamente, ignorarnos. Esa última respuesta puede hacer pensar que no han entendido nada, aunque no necesariamente sea así.
Gutiérrez cuenta que su interés por este asunto surgió precisamente al observar que su gato acudía cuando utilizaba la palabra "ven". No parecía responder únicamente a su nombre, sino también al término empleado.
Palabras cariñosas
Para el veterinario, determinar cuántas palabras puede aprender un gato resulta complicado. Algunas investigaciones sitúan esa capacidad entre aproximadamente 20 y 50 palabras, aunque existen animales que pueden llegar a aprender algunas más.
Además, la capacidad de comprensión no parece ser la única cuestión importante. La manera de dirigirse al animal también puede influir en cuánto interés presta a la voz de su compañero humano.
Los gatos prestan más atención cuando se les habla como si fueran bebés, utilizando un tono algo más agudo y alegre. Ese cambio puede facilitar que centren su atención en nuestra voz durante la comunicación.
El motivo estaría relacionado con la forma en que ese tono destaca dentro de las conversaciones humanas, que pueden resultar más monótonas. Marcar el mensaje ayuda al gato a prestar atención a determinados momentos.
Esta diferencia también explica por qué resulta más sencillo identificar determinadas respuestas en los perros. En ellos, acudir cuando se les llama, mover la cola o mostrar excitación hace más evidente que han comprendido.
En los gatos, en cambio, las respuestas suelen ser más discretas. Pueden prestar atención, responder con un sonido o mirar, pero también decidir no reaccionar cuando una indicación no les resulta suficientemente estimulante.
Gutiérrez recuerda que esta aparente indiferencia puede relacionarse con lo que describe como una especie de "sordera selectiva". Si una orden no despierta suficiente interés, el gato puede optar directamente por ignorarla.
Por eso, aunque todavía no exista una cifra definitiva sobre el vocabulario felino, los estudios analizados apuntan a que los gatos pueden aprender palabras y que el tono empleado puede favorecer su atención.
