J. Rodríguez
Publicada
Las claves

El gazpacho puede convertirse en uno de los grandes aliados frente al calor, pero la manera de consumirlo cambia por completo su papel dentro de una alimentación equilibrada durante el verano.

La receta tradicional combina tomate, pepino, pimiento, cebolla, ajo, aceite de oliva, vinagre y sal, una mezcla que proporciona agua, antioxidantes como carotenoides y polifenoles, además de vitaminas C y A.

También aporta licopenos y, cuando se prepara con aceite de oliva virgen extra, grasas monoinsaturadas relacionadas con la prevención cardiovascular y capaces de ayudar a reducir el colesterol LDL.

Su perfil nutricional explica por qué esta sopa fría resulta especialmente interesante durante los meses de calor. Un cuarto de litro contiene aproximadamente 120 calorías, una cantidad relativamente baja para una comida.

Sin embargo, Natalia Moragues, dietista-nutricionista y farmacéutica, advierte de que esa cifra puede terminar sumando calorías innecesarias cuando el gazpacho se utiliza como acompañamiento líquido durante las comidas.

Cómo tomarlo

La especialista cuenta que algunos pacientes le preguntan durante el verano si el gazpacho engorda. Su respuesta depende fundamentalmente de cómo se sirva y del lugar que ocupe dentro del menú.

Beberlo en un vaso como si fuera un refresco puede hacer que esas aproximadamente 100 calorías se añadan diariamente al almuerzo, en lugar de sustituir a otro alimento más energético.

Por eso, Moragues propone cambiar el vaso por un plato hondo y consumir el gazpacho con cuchara, utilizándolo como sustituto de otros platos más calóricos y no como una bebida.

Además, la nutricionista recomienda incorporar un picadillo de pepino, tomate y pimiento, e incluso pequeños trozos de otras verduras, para incrementar la fibra y favorecer una mayor sensación de saciedad.

El hecho de masticar también resulta relevante, porque contribuye a activar mecanismos fisiológicos y hormonas relacionados con la respuesta saciante. Así, el gazpacho puede ayudar a comer menos y reducir la ingesta calórica.

El triturado rompe parte de la fibra de las verduras y disminuye sus beneficios, mientras que añadirlas troceadas permite conservar mejor este componente. La preparación, por tanto, también influye en su efecto.

Moragues señala además que el gazpacho contiene bastante sal: 100 mililitros aportan 0,8 gramos de sodio. Por eso, conviene vigilar su cantidad y limitarla dentro de lo posible.

El pan tampoco resulta una solución recomendable para hacerlo más saciante. Los picatostes fritos aumentan las calorías y el pan blanco, incluso fresco, se transforma rápidamente en azúcar en sangre.

Por último, su acidez hace que esta preparación no sea adecuada para personas con determinados trastornos gastrointestinales. Además, el texto desaconseja tomarla como cena justo antes de acostarse, especialmente por la noche.