Despedir agosto entre caballeros, artesanos y calles de piedra es posible en uno de los pueblos medievales más conocidos del Pirineo aragonés. Aínsa volverá a viajar varios siglos atrás durante el último fin de semana del mes con un mercado que aprovecha un escenario que apenas necesita decorados.
El Mercado Medieval de Aínsa abrirá el viernes 28 de agosto y continuará hasta el domingo 30, integrado dentro de la programación de La Morisma. Los puestos ocuparán las calles y plazas del casco antiguo y estarán acompañados por un campamento de reconstrucción histórica instalado junto al castillo.
La programación incluye talleres de cuero, cerámica, bisutería, joyería, madera y textiles, además de demostraciones dedicadas a las armas, las armaduras, los arqueros y la caballería durante los primeros siglos del Reino de Aragón. El domingo, el mercado permanecerá abierto hasta las 19.00 horas.
El momento principal llegará la noche del sábado. A las 22.30 horas, la Plaza Mayor acogerá La Morisma, una representación histórico-popular en la que participan vecinos de la comarca y que recrea la legendaria conquista cristiana de Aínsa durante el siglo VIII. La celebración está documentada desde 1678.
El lugar difícilmente podría encajar mejor. El casco antiguo conserva su enorme plaza porticada, el castillo y un entramado de calles estrechas y edificios de piedra que mantienen buena parte del aspecto de una villa pirenaica medieval. Desde las zonas elevadas, además, el paisaje cambia rápidamente de las construcciones históricas a las montañas del Sobrarbe.
Precisamente ahí aparece la segunda razón para convertir el mercado en una escapada de varios días. Aínsa se encuentra en una posición privilegiada para conocer el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los grandes espacios de alta montaña de España y uno de los principales atractivos naturales del Pirineo aragonés.
Montañas por encima de los 2.000 metros
Hablar aquí de montañas de 2.000 metros no es una exageración. La documentación oficial del parque sitúa su altitud media en 2.043 metros, mientras que Monte Perdido alcanza los 3.348. Entre ambos extremos aparecen profundos cañones, bosques, paredes verticales y extensos pastizales alpinos modelados por antiguos glaciares.
Uno de los puntos más llamativos es el collado de Cuello Viceto, situado a 2.010 metros entre los valles de Añisclo y Escuaín. Allí dominan los pastizales subalpinos, un paisaje completamente distinto al que el visitante encuentra unas horas antes recorriendo las calles empedradas de Aínsa.
Las grandes rapaces son otra de las señas de identidad de este territorio. El águila real vive y se reproduce en Ordesa y Monte Perdido. La guía oficial del parque señala que existen varias parejas reproductoras y explica que suele nidificar en cantiles y paredes rocosas, desde donde sobrevuela terrenos abiertos y pastizales en busca de presas.
No está sola. El MITECO destaca también la presencia del quebrantahuesos, el buitre leonado y la chova piquigualda. Al menos 80 especies de aves nidifican en el espacio protegido y los altos pastizales albergan además sarrios y marmotas, dos de los mamíferos más característicos de estas montañas.
La cercanía de Aínsa a esta riqueza natural tiene incluso reflejo dentro de la propia villa. Allí se encuentra el Pirineos Bird Center, dedicado especialmente a la observación y divulgación de las grandes aves rapaces del Sobrarbe y concebido como punto de partida para quienes quieren conocer la biodiversidad pirenaica.
El último fin de semana de agosto permite así combinar dos paisajes muy distintos sin abandonar la misma comarca. Entre el 28 y el 30 de agosto, Aínsa recuperará mercados, artesanos, soldados y caballeros; alrededor espera un Pirineo cuya altitud media supera los 2.000 metros y en cuyos grandes paredones todavía crían águilas reales.
Una escapada de final de verano que puede comenzar bajo los soportales de una plaza medieval y terminar mirando hacia las cumbres, intentando distinguir sobre ellas la silueta de una de las rapaces más grandes de los cielos españoles.
