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Las claves

La relación que una persona mantiene con su gato puede parecer algo completamente individual. Hay quienes buscan constantemente al animal para acariciarlo, otros respetan mucho más su espacio y algunos llegan incluso a preocuparse cuando sienten que su mascota no les presta suficiente atención. La psicología lleva años intentando entender de dónde salen esas diferencias.

Una de las respuestas parece encontrarse en la propia personalidad del dueño. Diferentes investigaciones han observado que las personas con puntuaciones más altas en neuroticismo, un rasgo asociado a una mayor tendencia a preocuparse, experimentar inseguridad o reaccionar emocionalmente ante determinadas situaciones, muestran también un tipo de apego más ansioso hacia sus animales.

Uno de los estudios más amplios fue publicado en 2023 en la revista iScience. Los investigadores analizaron a 2.724 propietarios finlandeses, junto con 2.545 perros y 788 gatos, para estudiar cómo la personalidad y el bienestar psicológico de las personas se relacionaban con la forma en la que se vinculaban con sus mascotas.

El resultado fue claro: un mayor neuroticismo y un peor bienestar psicológico aparecían asociados a un apego ansioso hacia perros y gatos.

Este concepto no significa simplemente querer mucho a un animal. En psicología del apego, la ansiedad hace referencia a una mayor preocupación por la disponibilidad del otro, una necesidad más intensa de proximidad y una búsqueda frecuente de seguridad dentro de la relación.

Aplicado a una mascota, puede traducirse en estar especialmente pendiente de ella, necesitar más interacción o preocuparse con mayor facilidad por la relación que se mantiene con el animal.

La personalidad también entra en casa

La relación no apareció únicamente en aquel estudio. Una investigación anterior con 1.098 propietarios de animales de compañía encontró igualmente que el neuroticismo estaba relacionado tanto con una mayor expresión de afecto hacia la mascota como con niveles superiores de apego ansioso.

Otro trabajo publicado en 2024 analizó directamente la intensidad del vínculo y volvió a encontrar una asociación positiva entre neuroticismo y apego hacia los animales. En esa investigación participaron 938 propietarios, incluidos 179 dueños de gatos. Tanto el neuroticismo como la responsabilidad aparecieron como predictores significativos de la intensidad del vínculo declarado.

Esto tampoco permite afirmar que preocuparse más provoque automáticamente una relación mejor o más profunda con un gato.

El neuroticismo comprende diferentes características, entre ellas una mayor sensibilidad al estrés, preocupación frecuente o tendencia a experimentar emociones negativas. Una persona con este rasgo elevado puede implicarse emocionalmente mucho en una relación, pero también experimentar más inseguridad dentro de ella.

Los investigadores de la Universidad de Helsinki encontraron precisamente que los propietarios con apego ansioso presentaban también un bienestar psicológico inferior. El vínculo intenso no tiene, por tanto, por qué equivaler siempre a un vínculo más saludable.

El propio comportamiento del gato también importa. El mismo estudio observó que determinadas características del animal estaban relacionadas con el estilo de apego del propietario. En los gatos, una mayor actividad se asociaba con niveles superiores de ansiedad en el vínculo, mientras una menor sociabilidad hacia los humanos estaba relacionada con mayor evitación.

La relación entre ambos tampoco puede entenderse mirando únicamente al dueño.

Un estudio con casi 4.000 propietarios de gatos encontró cinco tipos diferentes de relación entre personas y felinos, desde vínculos caracterizados por una elevada inversión emocional hasta relaciones mucho más independientes. La personalidad del propietario, las expectativas depositadas en el animal y la sociabilidad del propio gato ayudaban a explicar esas diferencias.

Incluso el concepto de apego felino continúa siendo discutido. Algunos investigadores consideran que aplicar directamente a los gatos modelos desarrollados originalmente para estudiar las relaciones humanas puede simplificar demasiado una interacción que depende también del carácter independiente de la especie.

Lo que sí aparece de forma repetida es que la personalidad humana influye en cómo interpretamos y construimos la relación con nuestras mascotas.

Una persona especialmente preocupada o emocionalmente sensible puede estar más pendiente de las señales de su gato, buscar con mayor frecuencia su compañía o inquietarse más cuando el animal se muestra distante.

Eso no significa que todas las personas ansiosas tengan una relación extraordinariamente estrecha con sus gatos ni que quienes son emocionalmente más estables quieran menos a sus mascotas. Los estudios encuentran asociaciones estadísticas entre rasgos de personalidad y estilos de apego, no reglas capaces de describir a cada propietario.

Pero ayudan a explicar por qué dos personas pueden convivir con gatos igualmente cariñosos y experimentar esa relación de maneras completamente distintas. En algunos casos, la misma tendencia que lleva a una persona a preocuparse más por otras relaciones puede aparecer también dentro de casa, cuando quien se aleja unos metros y deja de prestar atención es simplemente su gato.