Los veranos en España se han alargado cinco semanas desde los años ochenta debido al cambio climático. Según los datos de la AEMET, el periodo con temperaturas estivales crece a un ritmo de nueve días por década, una auténtica barbaridad que se está cobrando dos víctimas: la primavera y el otoño.
Estas otras dos estaciones están viendo alterado el comportamiento tradicional de las estaciones de transición en toda la península. Los meteorólogos advierten que la primavera es la estación más afectada en todo este escenario debido, principalmente, a ese desfase térmico provocado por la subida constante de temperaturas.
Los termómetros registran valores propios de julio a finales de mayo o principios de junio, provocando con ello un fenómeno que los expertos han bautizado como "la absorción de la primavera por parte del verano".
En grandes ciudades como Madrid, el inicio del calor extremo se ha adelantado casi un mes en comparación con los registros de la década de 1970, y lo peor es que las previsiones indican que este tipo de cambios van a ir a más con el paso del tiempo: cada vez habrá más olas de calor y más intensas en todo el país.
Cambios para la primavera y el otoño
El otoño, por su parte, también está sufriendo las consecuencias de esta prolongación del calor. Los meses de septiembre y las primeras semanas de octubre presentan de manera consecutiva anomalías térmicas positivas y episodios de altas temperaturas prolongados.
Aunque el verano astronómico, en líneas generales, mantiene sus límites en el calendario por motivos orbitales, el verano real -el visto desde una perspectiva puramente meteorológica- está devorando los meses templados del año paulatinamente.
Como no podía ser de otro modo, este nuevo patrón está acarreando importantes consecuencias ambientales y socioeconómicas. La extensión del calor intensifica la evaporación del agua, agravando los periodos de sequía severa y prolongando el riesgo extremo de incendios forestales durante gran parte del año.
Y la población, a su vez, se enfrenta a más riesgos a pie de calle y a no poder descansar ni durante la noche a causa de esas ya populares "noches tropicales", que elevan los riesgos de salud pública asociados al estrés térmico prolongado.
Actualmente, ya se están intentando tomar medidas para combatir las olas de calor que están por llegar, pero el problema es que el crecimiento de las temperaturas es tan elevado que es complicado prever hasta qué punto quedarán afectadas las estaciones próximamente.
