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Las claves

España todavía tiene pendiente otro fenómeno astronómico antes de que termine agosto. Apenas 16 días después del eclipse total de Sol que cruzó parte del país, la madrugada del próximo viernes 28 de agosto será el turno de la Luna.

En esta ocasión no habrá que desplazarse hasta una estrecha franja para contemplarlo. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) confirma que el eclipse parcial de Luna será visible desde toda España, aunque la posición del observador determinará cuánto tiempo podrá seguirse antes de que el satélite desaparezca por el horizonte.

Y aunque no llegará a ser total, estará muy cerca. El eclipse alcanzará una magnitud de 0,93, lo que significa que la sombra terrestre penetrará profundamente sobre el disco lunar. En el momento máximo, alrededor del 96% de su superficie visible quedará oscurecida, según explica el astrofísico Javier Armentia.

Precisamente esa enorme porción cubierta permitirá observar uno de los efectos más llamativos de los eclipses lunares. Una parte de la Luna no se limitará a desaparecer en una sombra completamente negra, sino que podrá adquirir tonalidades rojizas y anaranjadas.

Tendrá ese tono rojizo, de la misma forma que los atardeceres son rojizos”, explica Armentia, antiguo director del Planetario de Pamplona, en declaraciones recogidas por El País. El astrofísico lo resume con una imagen especialmente gráfica: el color de un eclipse lunar es “el color de todos los atardeceres de la Tierra proyectado sobre ella”.

La frase es mucho más literal de lo que parece. Cuando ocurra el eclipse, la Tierra estará situada entre el Sol y la Luna. Nuestro planeta bloqueará la iluminación solar directa, pero una pequeña parte de esa luz conseguirá atravesar la atmósfera terrestre antes de alcanzar el satélite.

Todos los atardeceres sobre la Luna

El fenómeno es prácticamente el mismo que colorea de naranja y rojo el horizonte cada tarde. La luz procedente del Sol está formada por diferentes longitudes de onda. Al atravesar la atmósfera, los tonos de longitud de onda más corta, como azules y violetas, se dispersan con mayor facilidad.

Los rojos y anaranjados, en cambio, consiguen atravesar mejor ese largo recorrido atmosférico. Durante un eclipse lunar, parte de esa luz es además refractada hacia la región situada detrás de nuestro planeta y termina alcanzando la superficie de la Luna.

La NASA utiliza precisamente una explicación muy similar a la de Armentia: durante un eclipse lunar, la iluminación que llega hasta nuestro satélite puede entenderse como la suma de los amaneceres y atardeceres que se están produciendo alrededor de la Tierra en ese momento.

Por eso el color tampoco tiene por qué ser siempre idéntico. La cantidad de polvo, nubes y partículas presentes en la atmósfera terrestre influye en la luz que consigue atravesarla, de modo que algunos eclipses presentan tonos anaranjados relativamente brillantes y otros adquieren colores mucho más oscuros.

En el caso del 28 de agosto habrá, además, una diferencia evidente respecto a una denominada 'Luna de sangre' completa. Será un eclipse parcial, de manera que la Luna nunca llegará a introducirse por completo en la umbra, la zona más oscura de la sombra de la Tierra. Una pequeña porción permanecerá directamente iluminada por el Sol.

Armentia describe el aspecto que tendrá el satélite como si estuviera siendo recortado por un círculo de mayor tamaño. Ese borde curvo que avanzará por la superficie lunar no será otra cosa que la sombra de nuestro propio planeta proyectándose a casi 400.000 kilómetros de distancia.

El fenómeno comenzará a las 3.23 horas de la madrugada, en horario peninsular, cuando la Luna empiece a atravesar la penumbra terrestre. Esta primera fase será bastante sutil y el oscurecimiento puede resultar complicado de distinguir a simple vista.

La parte más evidente llegará aproximadamente a las 4.34 horas, cuando comience la fase parcial y una porción del satélite entre en la umbra. El máximo se producirá a las 6.12 horas, poco antes del amanecer en buena parte de España.

No todos los españoles podrán contemplar después la salida completa de la Luna de la sombra. El IGN señala que en el centro y este peninsular y Baleares el satélite se pondrá antes de que finalice la fase parcial. En el oeste de la Península, Canarias y Ceuta, el ocaso lunar llegará después.

Armentia sitúa entre las zonas más favorables las provincias occidentales de Andalucía —Huelva, Sevilla y Cádiz—, Extremadura, Salamanca, Zamora, Galicia y parte de León. En Madrid o Pamplona, por ejemplo, la Luna desaparecerá bajo el horizonte mientras todavía se encuentra eclipsada.

Existe además una diferencia fundamental respecto al eclipse solar del pasado 12 de agosto: no hacen falta gafas especiales. Los eclipses de Luna pueden observarse directamente sin riesgo para los ojos y tampoco requieren telescopio o prismáticos, aunque estos últimos pueden ayudar a apreciar mejor los cambios de tonalidad sobre la superficie lunar.

Que ambos eclipses hayan sucedido con apenas dos semanas de diferencia tampoco es una casualidad. La órbita de la Luna está inclinada unos cinco grados respecto al plano de la órbita terrestre alrededor del Sol. Por eso no se producen eclipses cada luna nueva y cada luna llena.

El pasado 12 de agosto, la Luna pasó por uno de los puntos donde ambos planos orbitales se cruzan y se interpuso entre la Tierra y el Sol. Aproximadamente media lunación después, la geometría vuelve a resultar favorable, pero con las posiciones invertidas: ahora será la Tierra la que se coloque entre el Sol y una Luna llena.

El resultado será muy diferente al oscurecimiento repentino del cielo vivido durante la totalidad solar. “Los eclipses de Sol ciertamente son más llamativos”, reconoce Armentia, pero considera que el fenómeno lunar sigue siendo “un espectáculo bonito de ver”. Después de la cita del 12 de agosto, lo define como una manera de “completar la colección de los eclipses que tenemos este verano”. Y esta vez el espectáculo será visible desde prácticamente cualquier punto del país que tenga el cielo despejado y un horizonte occidental suficientemente libre.