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Las claves

Una ola de calor no afecta de la misma manera a una persona de 25 años que a otra de 70. Con el envejecimiento disminuyen algunos de los mecanismos que utiliza el organismo para liberar calor y mantener estable su temperatura interna. Una diferencia que las proyecciones climáticas no siempre habían tenido suficientemente en cuenta.

Una nueva investigación publicada en The Lancet Planetary Health pone cifras al problema. Si el calentamiento global alcanza los 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, aproximadamente el 22% de las personas mayores de 60 años del planeta podría quedar expuesto cada año a niveles de calor que su organismo ya no puede compensar adecuadamente. Son alrededor de 290 millones de personas.

Es decir, algo más de uno de cada cinco mayores. Los investigadores no hablan simplemente de días incómodos o de temperaturas excepcionalmente altas, sino de lo que en fisiología se denomina estrés térmico incompensable.

En esas condiciones, la combinación de temperatura y humedad supera la capacidad del cuerpo para desprenderse del calor que produce. La temperatura interna comienza entonces a aumentar de forma continuada incluso aunque la persona esté en reposo, lo que puede terminar provocando daños graves e incluso la muerte si la exposición se prolonga.

El trabajo está liderado por Qinqin Kong, investigadora de la Escuela de Medicina y el Woods Institute for the Environment de la Universidad de Stanford. Su equipo dividió por edades a la población y estudió cómo cambiaría la exposición al calor en diferentes escenarios de calentamiento global, desde 1,5 hasta 4 ºC.

Ahí aparece una de las grandes diferencias respecto a proyecciones anteriores. Muchos cálculos habían utilizado para toda la población límites térmicos derivados principalmente de experimentos realizados con adultos jóvenes y sanos. Aplicarlos también a las personas mayores podía hacer que el riesgo real pareciese menor de lo que es.

Los experimentos realizados durante los últimos años muestran que esos límites cambian significativamente con la edad. Un estudio publicado en Communications Earth & Environment, que expuso a 51 adultos jóvenes y 49 mayores a distintas combinaciones de temperatura y humedad, encontró que los mayores alcanzaban el estrés térmico incompensable en condiciones menos extremas.

La explicación está en la propia fisiología. Con el envejecimiento tiende a disminuir la capacidad de sudar y de aumentar el flujo sanguíneo hacia la piel, dos de las principales herramientas utilizadas por el cuerpo para liberar calor. También pueden añadirse una menor capacidad cardiovascular, enfermedades crónicas y determinados medicamentos.

Las diferencias pueden ser importantes. Kong señala que, según los límites empleados por su equipo, las personas de 60 años o más pueden dejar de mantener estable su temperatura corporal con temperaturas aproximadamente entre 4,7 y 7,5 ºC inferiores a las toleradas por adultos jóvenes, dependiendo de las condiciones ambientales.

El peligro empieza antes de lo esperado

El resultado cambia considerablemente el mapa del riesgo futuro. Con 1,5 ºC de calentamiento, los mayores ya sufrirían una exposición al estrés térmico incompensable más frecuente y extensa que la prevista para los adultos jóvenes incluso en un mundo 4 ºC más caliente que durante la época preindustrial.

Las regiones tropicales y subtropicales serían las más afectadas. El sur y sudeste de Asia, el este de China y las zonas próximas al golfo Pérsico aparecen entre los principales puntos críticos, precisamente territorios donde viven cientos de millones de personas y donde el envejecimiento de la población continuará avanzando durante las próximas décadas.

El problema tiene además una segunda parte demográfica. La población mundial mayor de 60 años prácticamente se duplicará hasta alcanzar alrededor de 2.100 millones de personas en 2050. El planeta será, al mismo tiempo, más cálido y más viejo.

El nuevo escenario encaja también con lo que ya se observa en los episodios de calor actuales. Una revisión científica de 2025 calculó que, entre 1994 y 2023, las condiciones capaces de superar los límites fisiológicos de los adultos jóvenes aparecieron en alrededor del 2% de la superficie terrestre. Para los adultos mayores, ese porcentaje ascendía aproximadamente al 21%.

Eso no quiere decir que una quinta parte del planeta sea permanentemente inhabitable para los mayores. El cálculo identifica lugares donde, durante episodios extremos concretos, ya se han alcanzado combinaciones de temperatura y humedad que pueden sobrepasar los límites fisiológicos establecidos para ese grupo de edad.

España tampoco es ajena al problema. El Mediterráneo europeo se encuentra entre las regiones donde la mortalidad asociada al calor ya resulta elevada. Un estudio de ISGlobal publicado en Nature Medicine estimó 61.672 muertes relacionadas con el calor en Europa durante el verano de 2022. España concentró unas 11.324, el segundo número más alto después de Italia.

La edad volvió a ser determinante. En el conjunto de los países estudiados, las muertes atribuidas al calor aumentaron de manera muy pronunciada en los grupos de mayor edad: los investigadores estimaron unas 9.226 entre personas de 65 a 79 años y 36.848 entre los mayores de 80.

Otro trabajo europeo publicado un año después encontró además que la adaptación ya está evitando una parte considerable de esa mortalidad. Sin los cambios introducidos desde comienzos de siglo, la mortalidad relacionada con el calor durante 2023 habría sido aproximadamente un 80% mayor; entre los mayores de 80 años, la diferencia superaba el 100%.

Los nuevos cálculos, por tanto, no significan que alcanzar 1,5 ºC convierta automáticamente determinados lugares en inhabitables. Aire acondicionado, edificios adaptados, zonas verdes, sistemas de alerta, acceso al agua y cambios de comportamiento pueden reducir enormemente la exposición.

Pero existe un límite fisiológico que esas medidas intentan evitar. Una vez que el ambiente impide al organismo liberar suficiente calor, permanecer durante horas en esas condiciones puede convertirse en un problema incluso para una persona sana. Y cuanto mayor es la edad, antes aparece ese límite.